El cumplimento del deseo: disfrute y placer en la obra de dos joyeras argentinas (Publicado en AJF)

https://artjewelryforum.org/the-fulfillment-of-desire

Cuando hablamos de temas tabú suele haber un enfoque predominante, lo que significa que las que las maneras en que estos temas suelen estar representados tienden a ser un tanto homogéneos. Y el deseo femenino, el disfrute y el placer no están exceptos de eso.

Todo aquello que hace al universo sexual femenino, marcado por el placer, suele ser tratado como una falta. Falta de falo, falta de otro, es decir, faltas que dan cuenta de una incompletud. En esta manera particular de hablar sobre el placer femenino, este es casi siempre visto como una dualidad y  no como algo por si mismo. Si pensamos en las maneras en las que el arte y la joyería tratan este tema, lo más probable es que la mayor parte del tiempo el cuerpo femenino sea tratado como un objeto de deseo. Y eso significa que la manera en que los otros ven la pieza es casi tan importante como la pieza en sí. El objeto es completo cuando cuando es en efecto el deseo de otro.

Mi querida estaba desnuda/ Conocedora de mi corazón/ no se había dejado sino sus joyas sonoras/ y este rico atavío le daba el aire triunfal / que las esclavas moras saben tener en sus días felices.

Charles Baudelaire ‘Las joyas”, Poemas eróticos, antología de Las flores del mal

Este texto de Baudelaire llamado ‘’Las joyas’’, es un claro ejemplo del funcionamiento de la joyería como un signo de deseo. Estas joyas representan algo muy claro- un deseo sexual- pero no ponen en primer plano el deseo sexual de su amada, sino el de Baudelaire. Se compone entonces una triada entre el objeto que simboliza el placer, que a su vez necesita de alguien que lo mire y que reconozca la situación. La joya entonces, al jugar con la idea del disfrute sexual, compone un diálogo entre tres elementos: el cuerpo, la joya y otro que es seducido (que puede ser visible o no).

Pero estamos atravesando una era donde estos discursos se están desarmando, y el deseo ya no está marcado por dualidades complementarias. Ni las masculinidades ni las feminidades son de una una sola manera, ni tampoco son las únicas. Dentro de este panorama social y cultural en ebullición es posible encontrarnos con diversas manifestaciones artísticas que dan cuenta de estas marcas de época. Y el campo de la joyería es a menudo un espacio de reflexión sumamente interesante, en especial por el papel fundamental que juega el cuerpo.

Barbara D’Ambra y Constanza Sorella son dos joyeras / artistas / diseñadoras argentinas cuyas colecciones de piezas de joyería le dan un toque extremadamente atractivo a la  representación del disfrute y el placer. El trabajo de ambas se aborda un mundo que tematiza el deseo y el erotismo sin la necesidad de caer en binarismos o dar cuenta de una falta. Sus piezas son sensuales, e incluso humorísticas, y rompen con las previsibilidades acerca del cómo tratar estos temas.

Insinuazioni es la colección de Barbara D’Ambra, quien fue seleccionada en Schmuck dos años consecutivos. Consiste en una serie de piezas en blanco y negro hechas de resina que, tal como lo dice su nombre, insinúan varios toques eróticos. Esta insinuación se compone de un movimiento muy sutil, que genera la sensación de comprender lo que estamos viendo, mientras permanece en el plano de alusión. La obra juega entonces con la abstracción probando sus límites. ¿Es posible erosionar y deformar un objeto mientras todavía significa lo que la artista quiere?

Las piezas están compuestas por diversas formas geométricas (círculos, rectángulos y cuadrados) frente a las cuales se despliegan volúmenes orgánicos, invitando a ser acariciados por los dedos. Lo que parece ser un elemento natural, el producto de una contingencia, en realidad es algo extremadamente calculado.

Este juego calculado con los volúmenes, hinchados / hundidos, se puede leer como una inversión de las morfologías características de varias zonas erógenas del cuerpo humano. Quisiera en este punto establecer un paralelismo entre las morfologías insinuantes de D’Ambra y un texto de Bourdieu llamado ‘’La dominación masculina’’. El ensayo gira en torno a los colonos de la Cabilia y analiza la construcción social de la sexualidad, que encuentra su realización en el erotismo. Allí, él trabaja con las diferentes formas de nombrar y metaforizar lo relacionado con ese universo sexual y el estudio de todas las palabras que explican las diferentes morfologías y sus asociaciones. Por ejemplo, todo lo que se refiere a la hinchazón son símbolos vinculados a la feminidad, porque representan diferentes manifestaciones de plenitud vital. Cuando D’Ambra trabaja con volúmenes redondeados, se pueden leer como atributos feminizados precisamente porque compartimos ese universo simbólico. La cosa cambia radicalmente cuando leemos esos volúmenes junto con su color (aunque un aspecto no es indivisible de otro); mientras que el blanco generalmente se asocia con lo puro, el negro apunta a lo femenino ya que se equipara al secreto y a cierta idea de campo mágico.

Así que, cuando sus broches (los que emulan una vagina) son blancos, intercambian esa simbología que se establece en torno al color y la forma. A su vez, según Bourdieu, la vagina “debe su carácter fatal y maligno al hecho de que se la considera como un espacio vacío, pero también como una inversión del falo”, y sin embargo lo que D’Ambra crea es un objeto completo.

Es una superficie completa sobre la que se elevan ciertos volúmenes y, precisamente por eso, no constituye ningún vacío. El conjunto entre volumen, color y plenitud hace que el objeto continúe siendo una abstracción de la genitalidad femenina, pero sin requerir del falo para que sea leída como tal.

Sus volúmenes son un éxito en la medida de lo que se proponen; ella define a la “insinuación” como la posibilidad de penetrar en un espacio estrecho. Más allá de la clara connotación sexual, sus piezas simulan que pueden ser penetradas, cuando la verdad es que no, o al menos no del todo. Aquellas que están llenas son realmente imposibles de penetrar más allá de lo que permite la superficie. Por eso es un movimiento calculado, porque simula algo que es imposible, y el poder y el éxito de las piezas reside en esa simulación en la que tenemos menos libertad de la que realmente creemos. Sus piezas se cierran en sí mismas y no necesitan de otro para ser completadas. Pero sí nos invitan a pasar por ellas, a disfrutar de su superficie y vivenciar una experiencia sensual.

Constanza Sorella crea piezas que no tienen un uso específico. La serie se compone de broches y objetos de mano, donde todas juegan con un mismo elemento: el pelo liso y castaño que remite al de la artista. Y eso no es todo; en las sesiones de fotos estos objetos, especialmente los broches, aparecen localizados en diferentes zonas erógenas del cuerpo.  

¿Qué significa tener pelo colgando de un pecho o del área púbica? O más bien, ¿qué significa tener pelo colgado de cualquier otra parte del cuerpo donde este no es, usualmente, visible? Y, sobre todo, ¿qué implicaciones tiene ese pelo que emula al de la autora de esa pieza?

Con un humor intrínseco, la obra de Sorella disloca la noción de lo que debería y no debería mostrarse del cuerpo. El uso del cabello, y ese cabello específico, nos acerca a un universo del fetiche. Y aunque vista desde la perspectiva del fetiche, la tricofilia (el placer causado por el cabello) es extremadamente inocente, es innegable, por más inocente que este fetiche sea, el shock que provoca ver pelo colgando en esas áreas del cuerpo.

Las piezas generan la sensación de que Rapunzel repentinamente decidió mostrar su lado masoquista, y dejó caer todo su hermoso pelo en su zona púbica.

O, si vemos las piezas que se cuelgan en los pechos, estas podrían tranquilamente pertenecer a una stripper que decidió generar repulsión o rechazo y le agregó pelo a sus típicas pezoneras. Básicamente, la idea de que la sexualidad es algo puro o impuro, que es seria y que niega la convivencia con el humor, en el trabajo de Sorella se destruye completamente. Las piezas siguen siendo sensuales porque buscan explícitamente ser tocadas. Eso sí, disfrutar de la sensación de tocar ese pelo, dependiendo de la ubicación de la pieza, puede ser algo inocente o no.

Al igual que la obra de D’Ambra, estas piezas no son un espacio vacío; no necesitan otra cosa para completarlos. Ambas artistas pueden ser comparadas en este punto; trabajan con las nociones de erotismo y disfrute de una manera bastante original, que resuelve la necesidad del otro y no cae en la noción de objeto de deseo. Estas son piezas que se ofrecen a sí mismas sin una asimetría aparente, por lo que podemos disfrutarlas como iguales y no como objetos dominados.

Pero esa dislocación también genera cierta violencia, porque las interrupciones son esencialmente violentas. En este punto la función de la joyería puede ser similar a la literatura; citando a Deleuze, “con Sade y con Masoch la literatura sirve para nombrar, no al mundo porque ya está hecho, sino a una especie de doble del mundo, capaz de recoger su violencia y su exceso. Se dice que lo que una excitación tiene de excesivo está, de alguna manera, erotizado. De ahí la aptitud del erotismo para servir de espejo al mundo, para reflejar sus excesos, para extraer sus violencias pretendiendo “espiritualizarlas”, y ello tanto mejor cuanto que las pone al servicio del sentido”.

Podemos afirmar entonces que, este tipo de trabajo (y seguro que existen piezas similares en todo el mundo) claramente puede ser entendido como un reflejo de este tiempo, donde el discurso de la sexualidad se está repensando constantemente y emergen nuevos enfoques. El trabajo nos llama a reflexionar sobre cómo nos acercamos a la joyería, qué usos hacemos de ella, qué cosas pensamos que debemos o no debemos colgar en el cuerpo y cómo podemos jugar con esas piezas.Quizás, a veces, esto pueda parecer un tanto violento, tal vez genere rechazo, o admiración. Pero una de las performances más fascinantes de la joyería contemporánea es su capacidad para reflexionar sobre sí misma y sobre el mundo en el que vivimos. Bienvenidos, pues, a todas estas piezas. Y no queda nada más que ¡disfrutarlas!

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Claves para leer una joya

1- Mirarla

Parece una premisa obvia, pero quizás no sea tan así.Para leer una joya hay que mirarla en su totalidad, la forma, el color, donde está (no es lo mismo el cuerpo, que una vitrina, una pared, una tienda, etc.) porque cada contexto le agrega, o le quita, información. El paso lógico que le sigue es verla, que no es lo mismo, porque lo segundo implica un acto de pensamiento. Mirar sin ver, como dice Barthes, es un apuntar sin blanco. De este ver surge algo fundamental, porque ver no es hacer un análisis forense de la obra sino contactarse con las pasiones que despierta, si es que despierta alguna.

2- Mire hacía ambos lados

Después de mirar la pieza, de verla y contactarse, al menos en cierta medida, con las pasiones que despierta podemos buscar más información. Depende del espacio en donde este la joya la información varía. Si está en una galería o museo es muy fácil y es casi universal el hecho de que hay un cartel que da cuenta de ciertas características de la obra: título, año, material, y si tenemos suerte algún tipo de explicación o texto del artista, también puede haber algún catálogo o texto curatorial. Ahora bien, en una tienda todos estos elementos desaparecen, y la pieza para ser “comprendida” exige lo mismo que cuando está en el cuerpo: que accionemos con la palabra, básicamente que preguntemos ¿qué es eso?. Parece un tanto naif o molesto, pero lo cierto es que una de las características fundamentales de la joyería, y sobre todo de su vertiente contemporánea, es que es relacional. Esa pregunta puede ser la disparadora de un encuentro único, de debates o de vaya uno a saber que otra cosa.

Una vez que recopilamos toda la información que pudimos (no es necesario tomarse esto como una investigación judicial) podemos proceder al siguiente paso

3- ¿Qué forma tiene?

Parece que nos metemos con un juego de didáctica,y un poco es cierto. Cuando miramos una joya, o cualquier otro objeto, quizás ni nos damos cuenta de que automáticamente estamos haciendo un relevamiento mental de todas las características que tiene, es decir de todos sus aspectos formales. ¿es redonda, cuadrada?, ¿roja, blanca, dorada?, ¿está hecha de madera, plata, oro, o plástico?. Todas estas respuestas las solemos tener en menos de un instante, un poco más si la pieza nos engaña y simula ser una cosa por otra o usa un material desconocido. Y esta información es clave porque suele ser el sostén de la parte conceptual, y forma un entramado difícil de separar ¿qué fue primero: el huevo o la gallina? ¿qué hace a una joya contemporánea: la forma o el concepto?.

Por ejemplo si sabemos que la pieza que estamos mirando denuncia una situación de violencia sobre un grupo vulnerable y usa color el color rojo, es fácil comprender que el color juega un rol fundamental a la hora de entender el concepto que se está intentando transmitir.

También mirar lo formal de la pieza nos va a permitir armar redes mentales. Si la pieza usa perlas podemos asociarla a otras piezas, Turbo Princess de Ted Noten puede formar parte del mismo conjunto que Pearls for girls de Manon Van Kouswijk e incluso con La Peregrina que pertenecía a María I de Inglaterra.

Nota importante: Cuando vemos un elemento que nos permite asociar esa pieza con otras, o cuando hace al sentido de la obra estamos mirando partes fundamentales de esa pieza. Es decir que este ejercicio lo que hace es separar la paja del trigo. No todo elemento es importante, algunos son meramente ornamentales y no comunican o generan un diálogo con otros discursos culturales.

4- Esta historia ya la escuché

Ahora bien, cuando logramos identificar todos esos elementos que hacen que la pieza esté haciendo referencia a un tema que es exterior a la joya, podemos pensar en todas las otras expresiones culturales que tratan este tema. Por ejemplo, retomemos la obra Pearls for girls de Manon Van Kouswijk que en el estadío anterior asociamos a todas las piezas que fueron hechas con perlas, pero también podríamos (y deberíamos) haberla asociado por su forma con los rosarios católicos, aunque notamos que la cruz está invertida, lo que hace pensar en los ritos satánicos. El color del collar es rosa, un color asociado culturalmente a ‘’lo femenino’’, y la concatenación de bolitas pigmentadas puede ser similar a ciertos objetos de placer.

Este paso basicamente es como abrir una cantidad importante de pestañas en nuestro navegador. En la primera investigamos cómo se usaron las perlas a lo largo de la historia en diferentes piezas, nos encontramos con que solían significar en muchas culturas pureza, virginidad, se las relacionaba con lo lunar y lo femenino, y fueron sumamente popularizadas en el imperio británico bajo la figura de Elizabeth I mejor conocida como Gloriana o la reina virgen.

La segunda pestaña la estamos usando para explorar los rosarios católicos, sus orígenes, el rezo que se hace en cada paso, los misterios que conmmemora, entre otros rasgos que suman información como el hecho de que se solían usar dos materiales diferentes para hacerlos: semillas de caoba o perlas.

Y así con cada elemento, en otras palabras vamos a ir uniendo cada cosa con diferentes relatos sobre el mismo tema.

5-Una todo y escuche atentamente

Ahora es el momento en el que todo esto cobra sentido y la pieza finalmente habla. Como en un policial cada evidencia que se juntó ahora va a develar el misterio, aunque en nuestro caso no haya ninguno. Tenemos Pearls for girls de Manon Van Kouswijk, sabemos que juega con la idea de la virginidad, lo religioso y lo femenino, para contrastar con un universo satanico ligado a la autoestimulación sexual. A esta información vamos a sumarle que la pieza formó parte de la muestra Medusa: bijoux et tabous, una mega muestra que se llevó a cabo en el Museo de Arte Moderno (MAM) de París que reunía un sin fin de piezas tanto de joyeros contemporáneos como de marcas importantísimas, hasta piezas egipcias o de culturas antiguas. Esta muestra se dividía en cuatro temas, uno de ellos era el cuerpo, y hubo disertaciones sobre la performatividad de género. Podríamos decir que la pieza, incluso sin el contexto que acabamos de reponer, cuestiona la noción de ‘’pureza’’ ligada al imaginario de las perlas, y con un gesto irónico la invierte para que esas perlas se conviertan en un objeto de placer. No diría que es un chiste, pero sí que nos guiña el ojo en varios sentidos.

Este análisis podría seguir un tanto más si pensamos en otras cuestiones, como por ejemplo si la pieza es usada, y si es lo mismo que la use una mujer heterosexual, una mujer trans, un hombre heterosexual, en qué contexto la usa, si pertenece a un coleccionista o a un museo, la manera que está expuesta, si se puede tocar o no, entre un sin fin de variables más. Todos son factores que suman, restan y modifican sentidos.

El mundo de la joyería nos invita a que leamos esos objetos de las múltiples maneras posible, donde cada lectura va a tener un fuerte lazo con los conocimientos y las experiencias previas del lector. Y en ese proceso la manera de mirar una joya cambia radicalmente, para convertirse en una experiencia única.

Una joya disxlisea

Imaginemos que lo que antecede a estas palabras, las letras, están en una nube, todas acumuladas, una arriba de la otra, pegadas, superpuestas, caóticas. Después imaginemos que para armar cada palabra tenemos que extraer esas letras de a una, hasta que de esa unión se arme un sentido. Sin embargo, una letra salió en lugar de otra y se instaló en esa palabra:se armó otra cosa, un sin sentido,o mejor dicho, un otro sentido. Esa puede ser una de las maneras de graficar la dislexia, un desvío de la lengua, un armado propio que no coincide con el del resto.

Foto: ”Negro” Karamanian (gentileza de la artista)

Los anillos de Paula Giménez Márquez son piezas disléxicas, donde hay pequeñas variaciones que cambian el sentido de la joya. En vez de estar engarzada al frente una piedra puede estar de costado, ahí donde un dedo se roza con el otro. También pueden ser más pequeños, al punto tal que no pasen, ni entren en el meñique o sean un anillo midi (la pieza cool para las primeras falanges del dedo).

Ella dice que tener dislexia, porque Giménez Márquez tiene, es como “tener el auto corrector del teléfono un poco loco. Uno puede agarrarse la cabeza por haber escrito una cosa en lugar de otra, o puede tomar ese supuesto error como una puerta hacia caminos a los que jamás hubieras llegado siguiendo el orden lógico y establecido” y elige esa segunda opción, que es la más interesante porque es la de la invención. Esos anillos son producto de muchas cosas, piezas que, como la joyera dice, fueron hechas como una colaboración entre la dislexia y ella. Hacer con lo que se tiene a mano, no sólo lo material, sino también con lo anímico, es inventar.

Foto: ”Negro” Karamanian (gentileza de la artista)

La potencia de una joya contemporánea no se encuentra sólo en su parte estética o controversial, también aparece cuando se entiende que por ser un objeto que está pensando para usar en el cuerpo hay un sin fin de posibilidades para hablar de otras cosas. Con sólo correr una piedra de lugar, o hacer un anillo más chico, la dislexia y Giménez Márquez hablan. Hablan de síntomas, de modos de ver el mundo, y lo más importante quizás es que al usar esos anillos cualquiera puede escucharlas y sentirlas. La joyería es un acto de comunicación, e incluso cuando en vez de agarrar la letra que creemos correcta este duo elige otra, ellas se hacen entender y nos incluyen en un diálogo hermoso, caótico pero por sobre todas las cosas, creativo.