Claves para leer una joya

1- Mirarla

Parece una premisa obvia, pero quizás no sea tan así.Para leer una joya hay que mirarla en su totalidad, la forma, el color, donde está (no es lo mismo el cuerpo, que una vitrina, una pared, una tienda, etc.) porque cada contexto le agrega, o le quita, información. El paso lógico que le sigue es verla, que no es lo mismo, porque lo segundo implica un acto de pensamiento. Mirar sin ver, como dice Barthes, es un apuntar sin blanco. De este ver surge algo fundamental, porque ver no es hacer un análisis forense de la obra sino contactarse con las pasiones que despierta, si es que despierta alguna.

2- Mire hacía ambos lados

Después de mirar la pieza, de verla y contactarse, al menos en cierta medida, con las pasiones que despierta podemos buscar más información. Depende del espacio en donde este la joya la información varía. Si está en una galería o museo es muy fácil y es casi universal el hecho de que hay un cartel que da cuenta de ciertas características de la obra: título, año, material, y si tenemos suerte algún tipo de explicación o texto del artista, también puede haber algún catálogo o texto curatorial. Ahora bien, en una tienda todos estos elementos desaparecen, y la pieza para ser “comprendida” exige lo mismo que cuando está en el cuerpo: que accionemos con la palabra, básicamente que preguntemos ¿qué es eso?. Parece un tanto naif o molesto, pero lo cierto es que una de las características fundamentales de la joyería, y sobre todo de su vertiente contemporánea, es que es relacional. Esa pregunta puede ser la disparadora de un encuentro único, de debates o de vaya uno a saber que otra cosa.

Una vez que recopilamos toda la información que pudimos (no es necesario tomarse esto como una investigación judicial) podemos proceder al siguiente paso

3- ¿Qué forma tiene?

Parece que nos metemos con un juego de didáctica,y un poco es cierto. Cuando miramos una joya, o cualquier otro objeto, quizás ni nos damos cuenta de que automáticamente estamos haciendo un relevamiento mental de todas las características que tiene, es decir de todos sus aspectos formales. ¿es redonda, cuadrada?, ¿roja, blanca, dorada?, ¿está hecha de madera, plata, oro, o plástico?. Todas estas respuestas las solemos tener en menos de un instante, un poco más si la pieza nos engaña y simula ser una cosa por otra o usa un material desconocido. Y esta información es clave porque suele ser el sostén de la parte conceptual, y forma un entramado difícil de separar ¿qué fue primero: el huevo o la gallina? ¿qué hace a una joya contemporánea: la forma o el concepto?.

Por ejemplo si sabemos que la pieza que estamos mirando denuncia una situación de violencia sobre un grupo vulnerable y usa color el color rojo, es fácil comprender que el color juega un rol fundamental a la hora de entender el concepto que se está intentando transmitir.

También mirar lo formal de la pieza nos va a permitir armar redes mentales. Si la pieza usa perlas podemos asociarla a otras piezas, Turbo Princess de Ted Noten puede formar parte del mismo conjunto que Pearls for girls de Manon Van Kouswijk e incluso con La Peregrina que pertenecía a María I de Inglaterra.

Nota importante: Cuando vemos un elemento que nos permite asociar esa pieza con otras, o cuando hace al sentido de la obra estamos mirando partes fundamentales de esa pieza. Es decir que este ejercicio lo que hace es separar la paja del trigo. No todo elemento es importante, algunos son meramente ornamentales y no comunican o generan un diálogo con otros discursos culturales.

4- Esta historia ya la escuché

Ahora bien, cuando logramos identificar todos esos elementos que hacen que la pieza esté haciendo referencia a un tema que es exterior a la joya, podemos pensar en todas las otras expresiones culturales que tratan este tema. Por ejemplo, retomemos la obra Pearls for girls de Manon Van Kouswijk que en el estadío anterior asociamos a todas las piezas que fueron hechas con perlas, pero también podríamos (y deberíamos) haberla asociado por su forma con los rosarios católicos, aunque notamos que la cruz está invertida, lo que hace pensar en los ritos satánicos. El color del collar es rosa, un color asociado culturalmente a ‘’lo femenino’’, y la concatenación de bolitas pigmentadas puede ser similar a ciertos objetos de placer.

Este paso basicamente es como abrir una cantidad importante de pestañas en nuestro navegador. En la primera investigamos cómo se usaron las perlas a lo largo de la historia en diferentes piezas, nos encontramos con que solían significar en muchas culturas pureza, virginidad, se las relacionaba con lo lunar y lo femenino, y fueron sumamente popularizadas en el imperio británico bajo la figura de Elizabeth I mejor conocida como Gloriana o la reina virgen.

La segunda pestaña la estamos usando para explorar los rosarios católicos, sus orígenes, el rezo que se hace en cada paso, los misterios que conmmemora, entre otros rasgos que suman información como el hecho de que se solían usar dos materiales diferentes para hacerlos: semillas de caoba o perlas.

Y así con cada elemento, en otras palabras vamos a ir uniendo cada cosa con diferentes relatos sobre el mismo tema.

5-Una todo y escuche atentamente

Ahora es el momento en el que todo esto cobra sentido y la pieza finalmente habla. Como en un policial cada evidencia que se juntó ahora va a develar el misterio, aunque en nuestro caso no haya ninguno. Tenemos Pearls for girls de Manon Van Kouswijk, sabemos que juega con la idea de la virginidad, lo religioso y lo femenino, para contrastar con un universo satanico ligado a la autoestimulación sexual. A esta información vamos a sumarle que la pieza formó parte de la muestra Medusa: bijoux et tabous, una mega muestra que se llevó a cabo en el Museo de Arte Moderno (MAM) de París que reunía un sin fin de piezas tanto de joyeros contemporáneos como de marcas importantísimas, hasta piezas egipcias o de culturas antiguas. Esta muestra se dividía en cuatro temas, uno de ellos era el cuerpo, y hubo disertaciones sobre la performatividad de género. Podríamos decir que la pieza, incluso sin el contexto que acabamos de reponer, cuestiona la noción de ‘’pureza’’ ligada al imaginario de las perlas, y con un gesto irónico la invierte para que esas perlas se conviertan en un objeto de placer. No diría que es un chiste, pero sí que nos guiña el ojo en varios sentidos.

Este análisis podría seguir un tanto más si pensamos en otras cuestiones, como por ejemplo si la pieza es usada, y si es lo mismo que la use una mujer heterosexual, una mujer trans, un hombre heterosexual, en qué contexto la usa, si pertenece a un coleccionista o a un museo, la manera que está expuesta, si se puede tocar o no, entre un sin fin de variables más. Todos son factores que suman, restan y modifican sentidos.

El mundo de la joyería nos invita a que leamos esos objetos de las múltiples maneras posible, donde cada lectura va a tener un fuerte lazo con los conocimientos y las experiencias previas del lector. Y en ese proceso la manera de mirar una joya cambia radicalmente, para convertirse en una experiencia única.

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