Reflexiones sobre la bienal: Parte 1 ¿Qué hacemos?

Por Florencia Kobelt

Algunas semanas atrás pude participar de una mesa dentro de las jornadas de reflexión de la II Bienal de joyería contemporánea organizada por Joyeros Argentinos.

Una vez terminadas las exposiciones de cada uno, las cuales todas giraban en torno a entender ese nudo que se arma entre arte, artesanía y diseño; se dio pie al debate… y qué debate.

Se desplegaron miles de posturas diferentes, tantas como joyeros había en esa sala del museo José Hernández , y si bien no me eran ajenas tengo que decir que verlas en vivo es mínimamente movilizante. Se discutió mucho desde el lugar del creador y se podía percibir la incomodidad de no saber muy bien en qué lugar se está parado, así que podemos decir que el gran interrogante que daba vueltas ese día era ¿qué hacemos?. Claramente no hay una sola respuesta, ni ninguna que sea enteramente cierta. La práctica joyera, es justamente eso: una práctica. No es algo estático y por lo tanto es difícil definirla. Pero quizás el problema, la angustia, la incomodidad, o como queramos llamarlo está en ese ‘’es difícil de definir’’, por un lado porque esa no definición total implica no tener límites, y si no hay límites y no hay definición puede sentirse como estar flotando en el espacio; no hay de donde agarrarse y por sobre todas las cosas no hay quien los agarre.

Por otro lado que mayor libertad que la de no tener límites claros. Se habló mucho de que los límites entre el arte, la artesanía y el diseño, se van corriendo cada vez más con la práctica joyera (contemporánea) o se van haciendo más finos. Pero lo cierto es que no hay límites. No es una frase con tintes de autoayuda, sino simplemente no creo que existan para la joyería contemporánea, lo que sí hay son estrategias que aparecen en cada obra, ni siquiera en cada joyero. Hay piezas que toman cosas del arte, otras de la artesanía y otras del diseño, eso no las mete de golpe en una discusión ontológica sobre qué son porque simplemente son uniendo lazos con otras prácticas. Algunas veces esos lazos se dan sin pensarlo, salen así, otras veces porque refuerzan una idea o un concepto, o incluso como estrategias estéticas. Por eso me parece que en este caso antes de hacer generalismos, que si bien son motores de reflexión, lo que nos toca es ver pieza por pieza y generar una mirada crítica. Crear se crea, se crea desde la incomodidad, la angustia, el anhelo de hacer algo bello, de denunciar… crear se crea por múltiples razones, algunas veces funciona y otras no, porque como en todo camino nada es 100% maravilloso.

Entonces esa primer pregunta que surgió de esa ebullición, que es un tanto la más urgente de responder, no tiene respuesta. Porque la búsqueda de desarmar eso es personal, de cada joyero ligada con cada una de sus piezas en particular. Ahora bien, este recorrido personal, este ser de cada pieza en particular, y el no tener límites, no desdibuja a la práctica. No se deja de ser, y de hacer, joyería contemporánea por este no saber definir, justamente lo que tiene que ocurrir para no caer en un ‘’todo es joyería contemporánea’’ o ‘’nada lo es’’ es en el después del momento de creación. Afinar la mirada y poder empezar a distinguir esos lazos que tienen las piezas con el resto del mundo, porque siempre tienen lazos, y entender qué tipo de relaciones construyen: con el arte, con la artesanía, con el diseño, o con algo más, porque no se agota en esos tres círculos. Quizás entonces la pregunta no sea ¿que hacemos? sino como mirar aquello que se hace.

Experimentos poéticos. Sobre Hipótesis en Tokonoma

por Florencia Kobelt

¿Que implica ver joyería contemporánea? , ¿que significa para nosotros, los espectadores, entrar en un espacio donde hay joyas y objetos estáticos esperando nuestra contemplación?. Estamos acostumbrados a mirar obras de arte y entendemos, más o menos, desde que lugar acercarnos. Podemos encararlas por el lado histórico, podemos enaltecer esas obras por el simple hecho de que sabemos que quien las hizo es alguien ‘’importante’’, podemos decir ‘’no entendí nada’’, podemos dejarnos atravesar por ellas de todas las maneras posibles, podemos conmovernos.

Pero la joyería nos propone un lugar distinto al que ya conocemos, no hay mucho de qué agarrarnos, pero esos objetos siguen estando ahí, planteandonos el desafío de armar nuestro propio sistema de contemplación.

Hay algo de vivencial en esos objetos que están pensados, idealmente, para ser usados. Así es que cuando vamos a una exposición de joyería contemporánea los vemos en un impasse, en un estado previo a (o post). Y es por eso que el ver una joya implica percibir no sólo al objeto en sí, sino todas sus posibles vidas. No somos espectadores pasivos, pero tampoco accionamos con el cuerpo, más bien la exigencia del ver joyería contemporánea pasa por que activemos una parte sensible, que percibamos esa vida contenida en un objeto (objeto sin vida al mismo tiempo) y dejemos rienda suelta a eso que se va a convertir en una experiencia estética.

Cuando eso pasa, cuando esos objetos que se posicionan entre un no ser arte, no ser artesanía o diseño, cobran vida, cuando no podemos dejar de mirarlos, entonces estamos ante una buena exposición de joyería. Pero ¿que necesitamos para que eso pase?: necesitamos un vínculo. Muchas veces ese vínculo suele ser la palabra, pero no esa que nos dice que ver, que nos señala lo que ya está delante de nuestros ojos y nos lleva de la mano. La palabra que funciona suele ser esa que nos mete en el mundo de ese objeto, que nos cuenta, de un modo sutil, eso que lo hace ser.
Hipótesis es una muestra que justamente logra eso, que articula palabras y objetos de una manera exquisita. Recorrer ese pequeño espacio, llevando la mirada de un objeto/pieza a otro, leer el texto de cada artista que contiene a esas obras, es una experiencia cargada de placer. Búsquedas plásticas, escultóricas, materiales, recorridos por elementos poco usuales, y por sobre todas las cosas una entrega libre a la creación artística, son algunas de las cosas que uno puede percibir en esa triada escondida en un subsuelo del barrio de Palermo.

Las hipótesis de cada una de esas series varían, son búsquedas personales, recorridos propios, que se despliegan en ese cubo blanco y se animan a mostrarse cúal resultados previos a analizar. Radiografías, vidrios, nidos, son los elementos que priman en ese experimento poético.
Carolina Bernachea crea un mundo circular, sin principio ni final del que no se puede escapar, y sobre el que proyecta algo que fue habitado. No son ruinas, sino esculturas que contienen algo ya vivido, listas para que intentemos develar, en ese entramado cerrado, que fue eso que las habitó. Luz Arias en cambio investiga sobre algo que está latente todavía, el placer del vidrio, la contracara de todo lo doloroso. Los móviles y anillos que Arias nos muestra parecen gotas suspendidas que esperan ser acariciadas, su superficie lisa y suave hace que nos olvidemos de la fragilidad, de que puede hacerse trizas de un momento a otro. Y si hablamos de fragilidades no podemos negar ese elemento en la obra de Castro Corbat, la más plástica de las tres, donde el acetato no solo se posiciona como un material endeble, cualquier marca puede quedar fijada, sino también la historia detrás de las piezas es la historia de una fragilidad y de la posibilidad de crecer caóticamente.
Si bien no podemos decir a ciencia cierta si cumplieron con lo que cada artista se propuso, si cada hipótesis fue confirmada, podemos asegurar que hacen del ver una muestra de joyería una experiencia única, y eso es en última instancia uno de los mayores logros para la joyería contemporánea: lograr un vínculo íntimo con el espectador.

Hipótesis puede verse hasta el 29 de septiembre, de martes a sábados de 15 a 20 hs, en Tokonoma (Cabrera 5037, CABA)