Reflexiones sobre la bienal: Parte 1 ¿Qué hacemos?

Por Florencia Kobelt

Algunas semanas atrás pude participar de una mesa dentro de las jornadas de reflexión de la II Bienal de joyería contemporánea organizada por Joyeros Argentinos.

Una vez terminadas las exposiciones de cada uno, las cuales todas giraban en torno a entender ese nudo que se arma entre arte, artesanía y diseño; se dio pie al debate… y qué debate.

Se desplegaron miles de posturas diferentes, tantas como joyeros había en esa sala del museo José Hernández , y si bien no me eran ajenas tengo que decir que verlas en vivo es mínimamente movilizante. Se discutió mucho desde el lugar del creador y se podía percibir la incomodidad de no saber muy bien en qué lugar se está parado, así que podemos decir que el gran interrogante que daba vueltas ese día era ¿qué hacemos?. Claramente no hay una sola respuesta, ni ninguna que sea enteramente cierta. La práctica joyera, es justamente eso: una práctica. No es algo estático y por lo tanto es difícil definirla. Pero quizás el problema, la angustia, la incomodidad, o como queramos llamarlo está en ese ‘’es difícil de definir’’, por un lado porque esa no definición total implica no tener límites, y si no hay límites y no hay definición puede sentirse como estar flotando en el espacio; no hay de donde agarrarse y por sobre todas las cosas no hay quien los agarre.

Por otro lado que mayor libertad que la de no tener límites claros. Se habló mucho de que los límites entre el arte, la artesanía y el diseño, se van corriendo cada vez más con la práctica joyera (contemporánea) o se van haciendo más finos. Pero lo cierto es que no hay límites. No es una frase con tintes de autoayuda, sino simplemente no creo que existan para la joyería contemporánea, lo que sí hay son estrategias que aparecen en cada obra, ni siquiera en cada joyero. Hay piezas que toman cosas del arte, otras de la artesanía y otras del diseño, eso no las mete de golpe en una discusión ontológica sobre qué son porque simplemente son uniendo lazos con otras prácticas. Algunas veces esos lazos se dan sin pensarlo, salen así, otras veces porque refuerzan una idea o un concepto, o incluso como estrategias estéticas. Por eso me parece que en este caso antes de hacer generalismos, que si bien son motores de reflexión, lo que nos toca es ver pieza por pieza y generar una mirada crítica. Crear se crea, se crea desde la incomodidad, la angustia, el anhelo de hacer algo bello, de denunciar… crear se crea por múltiples razones, algunas veces funciona y otras no, porque como en todo camino nada es 100% maravilloso.

Entonces esa primer pregunta que surgió de esa ebullición, que es un tanto la más urgente de responder, no tiene respuesta. Porque la búsqueda de desarmar eso es personal, de cada joyero ligada con cada una de sus piezas en particular. Ahora bien, este recorrido personal, este ser de cada pieza en particular, y el no tener límites, no desdibuja a la práctica. No se deja de ser, y de hacer, joyería contemporánea por este no saber definir, justamente lo que tiene que ocurrir para no caer en un ‘’todo es joyería contemporánea’’ o ‘’nada lo es’’ es en el después del momento de creación. Afinar la mirada y poder empezar a distinguir esos lazos que tienen las piezas con el resto del mundo, porque siempre tienen lazos, y entender qué tipo de relaciones construyen: con el arte, con la artesanía, con el diseño, o con algo más, porque no se agota en esos tres círculos. Quizás entonces la pregunta no sea ¿que hacemos? sino como mirar aquello que se hace.

Experimentos poéticos. Sobre Hipótesis en Tokonoma

por Florencia Kobelt

¿Que implica ver joyería contemporánea? , ¿que significa para nosotros, los espectadores, entrar en un espacio donde hay joyas y objetos estáticos esperando nuestra contemplación?. Estamos acostumbrados a mirar obras de arte y entendemos, más o menos, desde que lugar acercarnos. Podemos encararlas por el lado histórico, podemos enaltecer esas obras por el simple hecho de que sabemos que quien las hizo es alguien ‘’importante’’, podemos decir ‘’no entendí nada’’, podemos dejarnos atravesar por ellas de todas las maneras posibles, podemos conmovernos.

Pero la joyería nos propone un lugar distinto al que ya conocemos, no hay mucho de qué agarrarnos, pero esos objetos siguen estando ahí, planteandonos el desafío de armar nuestro propio sistema de contemplación.

Hay algo de vivencial en esos objetos que están pensados, idealmente, para ser usados. Así es que cuando vamos a una exposición de joyería contemporánea los vemos en un impasse, en un estado previo a (o post). Y es por eso que el ver una joya implica percibir no sólo al objeto en sí, sino todas sus posibles vidas. No somos espectadores pasivos, pero tampoco accionamos con el cuerpo, más bien la exigencia del ver joyería contemporánea pasa por que activemos una parte sensible, que percibamos esa vida contenida en un objeto (objeto sin vida al mismo tiempo) y dejemos rienda suelta a eso que se va a convertir en una experiencia estética.

Cuando eso pasa, cuando esos objetos que se posicionan entre un no ser arte, no ser artesanía o diseño, cobran vida, cuando no podemos dejar de mirarlos, entonces estamos ante una buena exposición de joyería. Pero ¿que necesitamos para que eso pase?: necesitamos un vínculo. Muchas veces ese vínculo suele ser la palabra, pero no esa que nos dice que ver, que nos señala lo que ya está delante de nuestros ojos y nos lleva de la mano. La palabra que funciona suele ser esa que nos mete en el mundo de ese objeto, que nos cuenta, de un modo sutil, eso que lo hace ser.
Hipótesis es una muestra que justamente logra eso, que articula palabras y objetos de una manera exquisita. Recorrer ese pequeño espacio, llevando la mirada de un objeto/pieza a otro, leer el texto de cada artista que contiene a esas obras, es una experiencia cargada de placer. Búsquedas plásticas, escultóricas, materiales, recorridos por elementos poco usuales, y por sobre todas las cosas una entrega libre a la creación artística, son algunas de las cosas que uno puede percibir en esa triada escondida en un subsuelo del barrio de Palermo.

Las hipótesis de cada una de esas series varían, son búsquedas personales, recorridos propios, que se despliegan en ese cubo blanco y se animan a mostrarse cúal resultados previos a analizar. Radiografías, vidrios, nidos, son los elementos que priman en ese experimento poético.
Carolina Bernachea crea un mundo circular, sin principio ni final del que no se puede escapar, y sobre el que proyecta algo que fue habitado. No son ruinas, sino esculturas que contienen algo ya vivido, listas para que intentemos develar, en ese entramado cerrado, que fue eso que las habitó. Luz Arias en cambio investiga sobre algo que está latente todavía, el placer del vidrio, la contracara de todo lo doloroso. Los móviles y anillos que Arias nos muestra parecen gotas suspendidas que esperan ser acariciadas, su superficie lisa y suave hace que nos olvidemos de la fragilidad, de que puede hacerse trizas de un momento a otro. Y si hablamos de fragilidades no podemos negar ese elemento en la obra de Castro Corbat, la más plástica de las tres, donde el acetato no solo se posiciona como un material endeble, cualquier marca puede quedar fijada, sino también la historia detrás de las piezas es la historia de una fragilidad y de la posibilidad de crecer caóticamente.
Si bien no podemos decir a ciencia cierta si cumplieron con lo que cada artista se propuso, si cada hipótesis fue confirmada, podemos asegurar que hacen del ver una muestra de joyería una experiencia única, y eso es en última instancia uno de los mayores logros para la joyería contemporánea: lograr un vínculo íntimo con el espectador.

Hipótesis puede verse hasta el 29 de septiembre, de martes a sábados de 15 a 20 hs, en Tokonoma (Cabrera 5037, CABA)

Sobre la vocación, el tiempo y el camino de una joya

Por Florencia Kobelt

Es difícil reconocer el momento exacto en el que surge una vocación. Por lo general es algo que se construye, son como piezas que uno va encontrando en el camino y que lo ayudan a descubrir en qué espacios se encuentra más cómodo. Puede pasar que esas piezas vayan apareciendo desde que somos chicos, que nos acompañen incluso antes de  darnos cuenta, antes de que todo se geste. De todas las vocaciones que pueden darse como resultado de ese mix  hay una a la que este blog se dedica en exclusividad (de más está aclarar que es la del joyero, ¿no?)  es que para llegar a la instancia de sentarse en un banco con una sierra en la mano tiene que haberse encontrado con  elementos ciertamente particulares. La joyería, como ya venimos hablando un poco en los artículos anteriores, es un espacio de unión entre lo íntimo y lo público, donde los objetos tienen un carácter de puente, nos unen con los otros mediante, por ejemplo, el recuerdo; también nos separa, nos hace sujetos únicos por el simple hecho de usar algo extravagante, raro, o sumamente costoso; nos conecta con nosotros mismos, con nuestra historia, con nuestros parámetros estéticos, con nuestra mirada del mundo.

Entonces crear joyería no es crear cualquier cosa, es crear objetos para que sean usados por personas desconocidas, y para que ellos hagan de ese objeto algo más. Crear joyería es crear un espacio íntimo listo para ser habitado. Pero para llegar a ese momento de crear un espacio para un otro, tiene que haber surgido alguna necesidad en particular: la de generar un vínculo, la de conocer un oficio, la de entender como funcionan ciertos materiales, etc. Y además se tiene que haber echo caso a esa llamada.

Maria Eugenia Ramos (creadora de la marca Mukenia) de chica juntaba caracoles en la playa y armaba collares, revisaba la lata de joyas de su mamá, disfrutaba de su aroma particular, dejos de perfumes entremezclados, y se aventuraba a investigar lo que había ahí dentro: collares de plata, de bolitas, echos por ella misma, de cerámica. Podría decirse que, como casi todo lo que uno disfruta, empezó como un juego, sin embargo nuestra joyera en potencia armaba piezas y las vendía en su barrio, y comenzaba a disfrutarlo. Con el tiempo se dedicó a otras cosas y estudió publicidad, pero algo de esa chica que abría una lata perfumada para investigar y crear seguía latente… hasta que un día su pareja le dijo ‘’¿Por qué no haces eso que te gusta?,  ella respondió : ¿y qué? ¿qué es? no sabía que nombre tenía, nos dice María Eugenia, ,y anillos, esas cosas le contestó él, ¡pero no sabía cómo se llamaba! ”Yo buscaba y encontraba orfebrería,  y no me encantaba del todo, parecía como muy tradicional, había algo de demasiada técnica, y siempre le escape a tanta técnica porque me parece que aísla, separa, te deja en un lugar demasiado prolijo que no es el que quiero tener.” Paso el tiempo  y ella siguió haciendo otras cosas, trabajando en publicidad. Y después de años de tener estas charlas su pareja volvió a interpelarla, ‘’hace seis años que te escucho decir que querés hacer esto ¿y todavía no sabes cómo se llama?’’ entonces le puso más empeño en la búsqueda y finalmente encontró la palabra: joyería contemporánea.

 

 

 

 

 

 

 

No solo existen modos diversos en los que uno termina tropezando con aquello que lo apasiona sino también de seguir explorando dentro de ese espacio, y es que la joyería parece un campo chico pero como venimos viendo está lleno de variables con las que jugar e investigar. El explicitar la motivación de las piezas suele ser un tema central porque funciona no solo como un modo de justificar cuando queremos catalogarlas como arte sino también como un vínculo entre el espectador y la joya (especialmente cuando hablamos de joyería contemporánea).

Aurora-Quiebre-1-MERamoswebEn el trabajo de María Eugenia, y creo que de los joyeros en general, es difícil rastrear una sola motivación, una sola manera de investigar. Pero hay algo que sí es constante en su obra y es el espacio fundamental que le da al momento previo a crear una pieza y sobre todo a la introspección que conlleva esa creación: ‘’Yo he tenido desde  piezas que cree a partir de conceptos, palabras, de alguna idea que surgió y empecé a darle forma a eso, que para mí son las más interesantes porque son las que tienen una búsqueda y un proceso más largo donde quizás estás un año juntando, investigando, leyendo, mezclando, y después sale esa pieza que es la pieza más importante, y por ahí podes llevarla a un plano más comercial, me parece que está bueno hacer ese proceso. Pero en general en las piezas que hago encuentro eso que tiene que ver conmigo. Hay algo que no podemos evitar y es no poder salir de uno. Todo lo que viviste, que vas incorporando, que te va pasando, va haciendo que las piezas tengan esas marcas. Hay una evolución, y hay veces que está bueno ver el trabajo en perspectiva para entender qué pasó ahí. También tenés esas irrupciones de golpe, pero hay un hilo conductor que tiene que ver con uno, es difícil salirse y decir: ahora voy a hacer esto que no tiene nada que ver. Hay algo que siempre vuelve, que está. Hay piezas que están creadas a partir de algo que te gustó, de una forma, imagen un dibujo y a partir de eso podes crear. Pero hay otros momentos donde empezás a trabajar desde algo que te pasa y cuando arrancas a explorar suceden otras cosas que terminan modificando esa idea. Es como que lo interiorizas, lo volvés otra cosa, otra vez incorporas eso y vas armando una especie de amalgama entre eso que te pasa y eso que sale.  Y un día te encontrás con eso que te gustó. También hay algo que se pierde, no es solo la pieza. Lo que se pierde me parece que es eso que te pasaba a vos, queda un poquito ahí y se RamosMariaEugeniaCollarSombras2va.’’

Este ir y venir que describe María Eugenia pareciera ser un recorrido eterno, y por eso el poner un punto límite a ese proceso para finalmente materializar una pieza que pueda irse y continuar su rumbo es sumamente necesario y difícil a la vez. Despegarse de una obra que implica un desgaste durante su producción, porque ningún camino introspectivo carece de desgaste emocional, no es fácil y menos que menos si esa obra se va a ir a formar parte de una vida ajena. Pero hay modos y modos de reconocer ese ‘’ya está’’, para Ramos ese punto varía, puede ser que se lo ponga en funcionamiento de algo puramente estético, es decir que la pieza haya quedado linda, puede ser que refleje algo de eso que se quería transmitir desde un primer momento , ‘’pero combinar distintas cosas y que de golpe puedas decir bueno es el trabajo de todo este tiempo, este proceso y ahora sí esta es la pieza, es difícil. A veces es un punto movible, y a veces es un problema que sea así. Porque hay momentos donde el punto lo quiero poner forzosamente y no va ahí. Pero en el transcurso del proceso va sucediendo que uno empieza a dejar fluir un poco más y llega ese momento. Un momento donde quizás decís listo, es acá y quizás al dejar esa pieza, cuando un tiempo después la volvés a mirar, te das cuenta si era o no ese punto. Hay necesidades de tener espacios, de silencios y de tiempos.’’

El tiempo no solo es de vital importancia durante o antes de la producción joyera; donde convergen acciones como la reflexión, la investigación, la aproximación y el alejamiento constante con la obra. Sino también juega un rol importante cuando estas se terminan, porque lo ideal es que no queden guardadas en un cajón del taller, sino que sigan su camino, que se empapen del tiempo por fuera de su creador, sea en una exhibición o sea porque se vendieron. Y en estos momentos es donde la joyería adquiere ese tinte mágico, porque ese acto de ser usado por otro que no tiene porque conocer al joyero, no es un plus sino el corazón mismo de esta práctica, es ahí donde se crea ese puente, no entre dos desconocidos, sino entre el objeto y su nueva historia, y entre el objeto y su pasado. Una joya es gestada en un tiempo y en un espacio en particular, y es usada en otros espacios y en otro tiempo. Una joya no tiene ni va a tener el mismo significado para quien la crea que para quien la usa. 

‘’Cuando estás en el taller trabajando no estás pensando en donde va a estar o en quien lo va a usar, ni cuánto van a pagar, por lo cual hay un proceso muy personal, y por ahí uno después encuentra que cambiando algo queda una forma que uno está dispuesto a colocar en un comercio, o en exhibirla en una galería. Un poco hay que permitírselo, permitirse decir ‘’ya está’’, ese punto y aparte. Porque no es punto y seguimos.’’

Sin títuloEs punto y aparte, no es punto y seguimos, creo que esa frase resume a la perfección lo que implica crear una joya, lo que significa crear para no ver esa creación seguir su rumbo, un recorrido que empieza con el joyero pero que continúa después de ese corte,  y es ahí donde surge ese carácter de puente de la joya que mencionaba antes. Pero además de detectar con elegancia ese punto central entre la producción y la circulación, Eugenia también toca una fibra sensible que es la relación con el mercado y la venta de esas obras, relación que es sumamente sana porque es la que justamente permite ese punto y aparte.

‘’Sería buenísimo que podamos encontrar un equilibrio, que no existe, alguna forma de poder crear eso y después ofrecerlo. Siempre hay alguien que está dispuesto a pagar, vivimos en un mundo capitalista por lo cual que sea una pieza que está creada a partir de alguna búsqueda que atravesó un proceso creativo, me parece que es super interesante poder ofrecerlo. Me cuesta entender, todavía, el porqué se limita tanto o nos limitamos tanto en ese aspecto. Sobre todo creo que tiene que ver más con Argentina, porque en Europa del este, que es un muy buen referente de lo que es la joyería contemporánea, hay un momento en marzo donde las galerías abren y el objetivo final es vender. Además uno puede continuar creciendo en ese proceso cuando puede vender esa pieza y dejarla ir. De hecho es importante que alguien porte esa pieza porque es como un embajador en el mundo de lo que otra persona creó. Me parece que es una lástima que nos cerremos también a ese aspecto.’’  Una manera sumamente bella de generar lazos con desconocidos. ‘’ Siempre pienso que va a pasar el día que me cruce a alguien que lleve una pieza mía. Lo que si me encanta es ver gente que está portando piezas  creadas por colegas, o que tienen una vuelta. Generalmente a ese tipo de personas las miro y busco que tienen de distinto, más allá de la pieza: hay algo que hace juego, refleja. Creo también que acá en nuestro país nos cuesta mucho diferenciarnos. Me parece que tiene que ver con esto del capitalismo, nos cuesta llevar un objeto que es distinto, que fue creado de otra manera. A mí la joyería me llevó a empezar a preguntar más :¿Qué es eso que tenés? , contame sobre tu pieza. Algo que invite a explorar no a cerrar, y me parece que todavía hoy hay miradas que cierran en lugar de invitar a la otra persona a que cuente el porqué. Puede gustar o no, no importa, pero que invite a la interacción. La joyería pensada para que invite a la interacción está buenísima.’’

Ese poder generar una interacción es sumamente fuerte, no solo por el simple hecho de generar lazos, hecho nada menor, sino porque es una relación placentera, no solamente de poder. La joyería contemporánea no demarca status, o al menos no como lo hace la joyería tradicional, sino que relaciona principalmente desde un lado estético, y sobre todo desde el placer de usar y de observar, tiene el dejo hedonista de la joyería tradicional, pero es un hedonismo que se reparte de una manera muy diferente. Si antes mencionaba que la joyería funciona como un puente entre el joyero y su obra por un lado, y entre el objeto y quien la usa por otro, ahora vamos a sumar otra relación más: entre el que usa y el que mira. En el echo de crear y en el de usar intervienen cuestiones más ligadas a lo sentimental, sin embargo en el acto de mirar y ser mirado entra en juego la dimensión del placer (y porque no, también la del displacer). Y esta es la diferencia fundamental con la joyería tradicional, porque no hay materiales ni modos de hacer propios de una u otra, sino que la diferencia esta marcada no por un status socio- económico, sino por el placer o el displacer que ese objeto genera para con los demás.

‘’Más allá de que uno en general intenta buscar la aprobación de los demás, cuando elegís un objeto  sin detenerte en el material, o en donde fue creado, se empieza a armar como una historia.Cuando uno va a su placard y busca y encuentra eso que uno guarda, y se anima a llevarlo tiene que ver con un momento especial. En general la vida son momentos:  el momento de crearlo, de la persona que lo usa y el de tener alguna devolución me parece que también podría ser interesante.’’

 

 

Tiempo y joyería, íntimo y público, comenzamos a delinear entonces algunas de las relaciones que se van dando en este espacio cada vez más amplio, quizás sean algunas de las respuestas para cuando nos preguntamos porqué nos interesa esta práctica, porque decidimos realizarla o hablar de ella. Es imposible saber si uno está más cerca, más lejos o dando vueltas alrededor de esas respuestas, sin embargo sabemos que no estamos en el mismo lugar. Mientras tanto dejamos la página de Mukenia para quien quiera y guste: https://www.mukenia.com/

Sobre la necesidad de ensayar

Pongámonos un poco académicos para entrar en tema: la palabra ensayo viene del latín exagium y se compone por un lado del prefijo ex (expulsión del interior) y el verbo agere (hacer), es decir ”hacer cosas que le salen de adentro” 

Ahora bien ¿que cosas son estas ”que salen de adentro” cuando hablamos de joyería?, porque esto no es una sala teatral sino un blog sobre joyería contemporánea. Quizá este texto sea en realidad previo al ensayo, su antesala, porque su motor es la necesidad de hablar sobre joyería contemporánea argentina. Podríamos decir que primero existe el deseo y después el ensayo, y que a este texto lo motiva el deseo de que este sitio este compuesto por ensayos: lleno de cosas que salen de adentro después de ver una obra, de ideas, reflexiones, cuestionamientos,críticas, pasiones…

Quizás sea un deseo extraño, ¿porque hablar de joyería argentina?, aunque para mi la respuesta más obvia (y para los curiosos del adorno) sea ¿porque no? no deja de ser una pregunta válida. No me interesa preguntar ¿que es la joyería contemporánea? sino reflexionar sobre por que vale la pena hablar de eso, ¿basta con el simple echo de que no se hable mucho?… Y la verdad es que no, no basta con la simple respuesta de que se habla poco acerca de este tema, pero quizás podríamos empezar a delinear otras respuestas.

Muchas veces las joyas pasan desapercibidas, la mayoría de las veces se vuelven invisibles las que llevamos en el cuerpo y solo para nosotros representan algo (joyas de alguien querido, regalos significantes, recuerdos de viaje, etc.), o incluso pasan desapercibidas para nosotros y se usan porque quedan bien con el resto del conjunto. Otras veces vemos pasar a alguien con un mega collar, un anillo rarisimo, y no podemos dejar de mirarlos, por curiosidad, por exotismo, por lo que sea y generamos un vínculo efímero que no dura más que unos segundos con esa persona, o por ahí vamos más allá del mirar y accionamos la palabra preguntando ¿donde compraste eso?, ¿quien lo hizo?, ¿que es?, y muchas otras veces son objetos con los que nos relacionamos a distancia vía publicaciones en internet o en revistas.

Para aquél que sepa, y en este campo el saber puede ser solamente tener el ojo entrenado, dentro de la joyería contemporánea hay mucho más que piezas lindas, es más podríamos decir que hay muchas piezas ”feas” que juegan con estéticas cercanas a lo repulsivo. Hay obras políticas, de género, de denuncia a miles de prácticas, narrativas, descriptivas, conceptuales, etc. (y este es un gran ETC.) Es impresionante que en un campo tan chico, del que se habla tan poco, haya tanta producción, y quizás acá nos encontremos con una de las razones por la cuál sea interesante dialogar sobre eso. La joyería contemporánea es relativamente nueva pero trae consigo misma toda una práctica que tiene siglos y siglos, que es la de accesorizarse para seducir, marcar poder, status, generar un statement, demostrar afinidades políticas, entre otras cosas, y a su vez propone un punto de unión con el arte y el diseño. La joyería contemporánea es un punto de inflexión donde se encuentran todas estas ramas, donde se producen infinidad de discursos de los más variados, y es posible ver todo esto circulando por la ciudad (en el cuerpo de un aventurero, en vidrieras, en universidades, en talleres) y no solamente en galerías y museos. 

La idea de este blog es ir encontrando otras respuestas a la pregunta ¿porque hablar de joyería contemporánea? al mismo tiempo que hablamos de ella, quizás sea una paradoja o quizás no, pero por ahora es la única manera en que esta travesía cobre sentido.

Ensayemos entonces, hagamos ese ejercicio de mirar piezas y pensar que es lo que pasa con ellas ¿que dicen? ¿como lo dicen? ¿como funcionan?. Ensayemos y valoricemos la gran producción de joyería contemporánea local, miremosla igual que miramos obras de arte, cuestionemoslas del mismo modo. Ensayemos todas las preguntas posibles e intentemos responderlas de la manera más reflexiva.

 

Joyería en diálogo

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En uno de los videos promocionales del premio MAD 2017 (Museo Nacional de Arte Decorativo) Marina Massone destaca el acto de que se considere a la joyería contemporánea como parte del diseño, su fusión con el arte, la moda, las tendencias, la tecnología, entre otras ramas. Y es justamente este  gesto el que convierte a la muestra, que puede verse hasta el mes de septiembre, en un evento al que a todo aquel que le interese la joyería contemporánea no puede dejar de asistir.

El premio dirigido a artistas menores de 35 años consto en diversas partes, en primera instancia los participantes desarrollaron un proyecto que tomaba como inspiración al museo, luego doce tutores seleccionaron aquellos que más les interesaban para acompañarlos durante su concreción.

Los proyectos seleccionados presentan un panorama sumamente enriquecedor ya que cada uno de ellos es la arista de las diversas discusiones que tienen lugar en el campo de la joyería: ornamento vs. minimalismo, el concepto vs. la práctica, entre otras. Varios dan cuenta del proceso creativo (que los inspiró, como desglosaron la idea, hasta donde abstrayeron los conceptos), otros simplemente presenta la joya despojada de toda explicación, en incluso algunos suman libros de artista u otro tipo de obra como paratextos. Es destacable que con tan pocos proyectos se haya logrado una escena tan representativa que a su vez convive con los salones del MAD, no estamos hablando de una galería o de un museo donde la vista es limpia y permite un recorrido visual claro, los distintos proyectos se encuentran rodeados de oro y elementos barrocos que podrían competir con las obras pero que sin embargo no lo hacen, casi como si el museo abrazara a estas expresiones de ornamentación que en vez de estar en una pared buscan ser portadas en el cuerpo (aunque no lo estén).

La obra ‘’Lo que pasa entre las formas’’ de Agustina Alcorta, bajo la tutoría de Celedonio Lohidoy, es uno de los trabajos que tiene como elemento central la ornamentación. Con una composición armoniosa, repleta de elementos florales, y el uso de materiales nobles y piedras montadas, Alcorta construye una pieza que realza la belleza de los patrones ornamentales del edificio y genera un diálogo con las piezas de Eliza Zorraquín (Leticia Churba fue su tutora) las cuales también tienen como eje la ornamentación pero que se diferencian al introducir materiales como acrílicos y mostazillas generando una reversión más contemporánea.

En la vereda opuesta se encuentra el proyecto ‘’Exquisito’’ de Rosaura Flynn cuya tutoría fue de Fabiana Gadanno, donde los elementos decorativos sirvieron como inspiración pero cuyo resultado es una serie de objetos que parecen haber sido aislados de su contexto ornamental para poner en evidencia la belleza de los objetos per se.

También, y entremedio de estos dos polos es posible ubicar las obras de Florentina Rodriguez Traverso (su tutora fue Fernanda Sibila), que realizan un juego similar a las piezas de Flynn al tomar esos patrones como inspiración para abstraer esas figuras. Aunque a diferencia del proyecto ‘’Exquisito’’ Traverso mantiene cierta conexión con el objeto, las formas de las molduras son reconocibles a simple vista, y las combina formas más abstractas realizadas en bronce.

Otro conjunto posible de armar dentro de esta exposición tiene que ver con las obras que tienden hacia lo conceptual en oposición a aquellas en las que priman la práctica manual.

Entre las obras más conceptuales se encuentra el proyecto ‘’(Poli)péras’’ de María Laura Egea, cuya tutora fue María Medici, las cuales retoma el ‘’círculo tangente de la entrada’’ (en palabras de la propia Medici) al observar los planos del Museo. El objeto tangible que Egea produce a partir de esta lectura es presentado como un elemento que contiene la posibilidad de ser usado de diversos modos, tales como guardar objetos preciados. Estos usos y el recorrido de cómo Egea llegó a la concreción del objeto están detallados a modo de plano alrededor de la pieza, lo que refuerza el concepto y la impronta arquitectónica del proyecto. Lucía Paz Bergami y María Florencia Dato componen el proyecto ‘’Cercanías’’, bajo la dirección de Marina Massone, y toman como inspiración la relación espacio/vacío, donde la sustracción se constituye como el concepto dominante, las formas, los materiales elegidos, todos giran en torno a esta idea cuya realización culmina en el tacto, lo cual la convierte en una joya propiamente dicha porque necesita del usuario para ser completada.

Ya acercándonos a obras donde lo manual y/o la técnica son protagonistas nos encontramos con el proyecto ‘’1905’’ de Sabrina Lopez, con tutoría de Nadine Zlotogara que conjuga la práctica textil con formas más abstractas en metal, la artista explora uno de los cuadros del museo para descomponer sus elementos y reagruparlos, generando una obra conceptual que a su vez da cuenta de la práctica manual.

Siguiendo en esa línea armónica se encuentran las piezas de Gugui Cebey de la cual el tutor fue Jorge Castañón, llamada ´´Kintsugi´´ donde tiene lugar un juego por demás interesante entre lo artesanal y lo conceptual. El conjunto de piezas tiene como inspiración la impronta oriental del museo la cual traslada a un conjunto de obras realizadas mediante una práctica de recuperación de objetos (denominada igual que el proyecto) y la figura de la grulla como símbolo de la longevidad y la adaptación. Cebey crea piezas de un fuerte impacto visual, en los que se conjugan los conceptos trabajados con la delicadeza del trabajo manual: el plegado del papel, la recuperación de esos objetos como la madera, entre otros.

Y finalmente para cerrar este segundo conjunto se encuentra el proyecto ‘’Meta’’ de Juan Pablo Mario, tutelado por Martín Churba, que pone el foco en el trabajo manual de elementos reciclados. Aquí el concepto central de la obra, el reciclado, no se encuentra por fuera de la ella (como en el caso de Egea) sino que está corporizado, llama mucho la atención la práctica manual, el proceso de armado de esos collares y broches de colores estridentes que crean volúmenes orgánicos.

Para terminar con este repaso de los proyectos exhibidos no quisiera dejar de mencionar otro diálogo ocurrido entre dos obras que quizás no comparten demasiado a primera vista. Me refiero a los proyectos ‘’Doxa’’ de Sofía López Ambrosini, cuya tutora fue Marina Molinelli Wells, y ‘’Hoja de Lana’’ de Axel Mazzeo con tutoría de Marcelo Serna. Ambos trabajan piezas con formas orgánicas, donde lo envolvente se convierte en el emento principal. Ambrosini trabaja con procesos y elementos industriales y orgánicos a la vez, y crea piezas más minimalistas y conceptuales que Mazzeo, mientras que él vincula el fieltro con materiales más clásicos de la joyería (tales como cadenas y piedras), pero ambos se mantiene una idea de cuerpo que es abrazado por estas piezas de joyería.

En resumen, la exposición además de mostrar producción de artistas argentinos jóvenes, abre las puertas a una multiplicidad de diálogos y relecturas de la práctica joyera que son fundamentales a la hora de generar un espacio reflexivo, lo cual siempre es enriquecedor para este tipo de prácticas. Por ello, todo aquel que esté interesado en la joyería no puede dejar de asistir, de observar y de intentar escuchar esas discusiones que tienen lugar en el salón de baile del Museo Nacional de Arte Decorativo.