Cuando lo extranjero se vuelve par. Sobre ”Lo extranjero” en Autoría

Por Florencia Kobelt
Bajando las escaleras de un local del barrio de Retiro está la obra de seis joyeras que se vinculan a través de una idea: lo extranjero.
¿Qué es lo extranjero? por un lado es exotismo, es algo que está afuera y lejos y nos es extraño, atractivo o repulsivo, nos genera miedo o curiosidad, o todo eso junto. Lo extranjero es algo a lo que podemos acceder hasta cierto punto, porque siempre esa otredad va a ser imposible de ser abrazada del todo, siempre algo se nos va a escapar y lo vamos a mirar un tanto desconcertados, intentando algunas veces disimularlo… y otras no tanto.
Pero qué puede ser lo extranjero en joyería, hay una respuesta que se nos puede aparecer como simple, pero que vale la pena investigar un poco, y es la de lo material. Pensar los materiales como algo extraño en joyería contemporánea es ya un lugar común, sobre todo si entendemos que la joyería contemporánea está casi en su totalidad hecha de materiales extraños (o al menos en esa pelea constante,y un tanto agotada discursivamente, con la joyería tradicional). Pero en esta muestra lo extranjero hace cuerpo, y por lo tanto necesita de una materialidad para hacerlo, de un modo muy particular. Lo material en esas piezas está trabajado de manera tal que a primera vista cuesta entender de qué están hechas. ¿Que más extranjero que mirar algo y no entender muy bien qué es ? No podemos dejar de mirarlas, no podemos no querer tocarlas, e investigarlas, porque a fin de cuentas lo que más queremos es entenderlas.
Sabina Tiemroth hace joyería textil, pero su hacer textil no es cualquiera. En “lo extranjero” sus piezas, en la misma línea de las que presenta en la Bienal, son más que joyería textil, son objetos de tela y geso, son un amalgamiento de elementos conocidos que en esa unión se convierten en otra cosa, en algo cercano y lejano a la vez. Lo mismo sucede con las piezas de María Gracia Salinas que trabaja el papel como si fuera madera, se transforma ante nuestros ojos en toda una alquimista, y esos objetos que tienen que haber sido trabajados minuciosamente, (qué otra manera hay sino de transformar un elemento en otros sino) se nos aparecen como naturales, pedazos de madera que son arrastrados a la orilla por una marea, recolectados por Salinas y simplemente colgados ahí, en el sótano de Autoría. Y si hablamos de despojos, de objetos arrastrados por el agua, no podemos dejar de comentar la hermosa convivencia de las piezas de Salinas con las de Patricia Gallucci, que también tienen un dejo de algo que viene de otro lugar, que viajó. Las piezas de Gallucci tienen algo de calcáreo, de huesos o corales, parecen formar parte de una estructura que ya no es, pero que nos deja espiar eso que fue. Son extranjeras porque no sabemos de dónde vienen, ni logramos entender del todo eso que fueron, pero están ahí cerca dejando que las requisemos con la mirada.
María Carelli también trabaja con papel, construye pequeños contenedores que se unen, arman comunidad y dan paso a grandes collares. Parecen ser barreras de corales, plantas acuáticas que asoman, extranjeras en nuestro mundo terrestre. Abarrotadas hasta más no poder las joyas de Carelli se nos imponen como algo que solo pueden generar deseo, deseo de tenerlas, tocarlas, portarlas, deseo de unir esos dos mundos tan disímiles como la tierra y el agua.
Y si Carelli crea alegorías acuáticas, Carolina Dutari arma su contraparte: redes. Tejidos tan delicados que da miedo desarmarlos con un movimiento no calculado. No sirven para atrapar eso acuático de Carelli sino para arrimarlo, conviven de una manera maravillosa y generan un equilibrio visual único. Las redes de Dutari parecen simbolizar algo que se escapa, que ellas mismas no logran atrapar, una fragilidad parecida a la de la palabra hablada, se dice y desaparece al mismo tiempo que termina de ser. Y en ese punto se unen con las obras de Alejandra Koreck que usa como material los grafismos de la escritura, los estira, los desarma, los desfigura, al punto tal que esas palabras mismas se nos vuelven extrañas. No sabemos qué dicen, no podemos entenderlas, se nos presentan como un sin sentido que sin embargo se convierten en un gesto poético, porque es ahí donde podemos comulgar con eso que nos es extranjero.
‘’Lo extranjero’’ es una comunión de materiales extraños, de vaivenes entre mundos disímiles, que se encuentran y dialogan entre sí. Y hay que recalcar que ese diálogo es tan fluido que por un momento lo extranjero no nos es tal, o al menos nos nos hace sentir como extranjeros el entrar en ese espacio y transitar entre las piezas de estas joyeras maravillosas, hay un momento en que eso extranjero se convierte par, porque si bien las joyas no hablan, ellas (las piezas y las joyeras) logran que las entendamos, y ahí lo extranjero queda de la puerta para afuera, de la calle Suipacha hacia el más allá de la Ciudad de Buenos Aires,

Experimentos poéticos. Sobre Hipótesis en Tokonoma

por Florencia Kobelt

¿Que implica ver joyería contemporánea? , ¿que significa para nosotros, los espectadores, entrar en un espacio donde hay joyas y objetos estáticos esperando nuestra contemplación?. Estamos acostumbrados a mirar obras de arte y entendemos, más o menos, desde que lugar acercarnos. Podemos encararlas por el lado histórico, podemos enaltecer esas obras por el simple hecho de que sabemos que quien las hizo es alguien ‘’importante’’, podemos decir ‘’no entendí nada’’, podemos dejarnos atravesar por ellas de todas las maneras posibles, podemos conmovernos.

Pero la joyería nos propone un lugar distinto al que ya conocemos, no hay mucho de qué agarrarnos, pero esos objetos siguen estando ahí, planteandonos el desafío de armar nuestro propio sistema de contemplación.

Hay algo de vivencial en esos objetos que están pensados, idealmente, para ser usados. Así es que cuando vamos a una exposición de joyería contemporánea los vemos en un impasse, en un estado previo a (o post). Y es por eso que el ver una joya implica percibir no sólo al objeto en sí, sino todas sus posibles vidas. No somos espectadores pasivos, pero tampoco accionamos con el cuerpo, más bien la exigencia del ver joyería contemporánea pasa por que activemos una parte sensible, que percibamos esa vida contenida en un objeto (objeto sin vida al mismo tiempo) y dejemos rienda suelta a eso que se va a convertir en una experiencia estética.

Cuando eso pasa, cuando esos objetos que se posicionan entre un no ser arte, no ser artesanía o diseño, cobran vida, cuando no podemos dejar de mirarlos, entonces estamos ante una buena exposición de joyería. Pero ¿que necesitamos para que eso pase?: necesitamos un vínculo. Muchas veces ese vínculo suele ser la palabra, pero no esa que nos dice que ver, que nos señala lo que ya está delante de nuestros ojos y nos lleva de la mano. La palabra que funciona suele ser esa que nos mete en el mundo de ese objeto, que nos cuenta, de un modo sutil, eso que lo hace ser.
Hipótesis es una muestra que justamente logra eso, que articula palabras y objetos de una manera exquisita. Recorrer ese pequeño espacio, llevando la mirada de un objeto/pieza a otro, leer el texto de cada artista que contiene a esas obras, es una experiencia cargada de placer. Búsquedas plásticas, escultóricas, materiales, recorridos por elementos poco usuales, y por sobre todas las cosas una entrega libre a la creación artística, son algunas de las cosas que uno puede percibir en esa triada escondida en un subsuelo del barrio de Palermo.

Las hipótesis de cada una de esas series varían, son búsquedas personales, recorridos propios, que se despliegan en ese cubo blanco y se animan a mostrarse cúal resultados previos a analizar. Radiografías, vidrios, nidos, son los elementos que priman en ese experimento poético.
Carolina Bernachea crea un mundo circular, sin principio ni final del que no se puede escapar, y sobre el que proyecta algo que fue habitado. No son ruinas, sino esculturas que contienen algo ya vivido, listas para que intentemos develar, en ese entramado cerrado, que fue eso que las habitó. Luz Arias en cambio investiga sobre algo que está latente todavía, el placer del vidrio, la contracara de todo lo doloroso. Los móviles y anillos que Arias nos muestra parecen gotas suspendidas que esperan ser acariciadas, su superficie lisa y suave hace que nos olvidemos de la fragilidad, de que puede hacerse trizas de un momento a otro. Y si hablamos de fragilidades no podemos negar ese elemento en la obra de Castro Corbat, la más plástica de las tres, donde el acetato no solo se posiciona como un material endeble, cualquier marca puede quedar fijada, sino también la historia detrás de las piezas es la historia de una fragilidad y de la posibilidad de crecer caóticamente.
Si bien no podemos decir a ciencia cierta si cumplieron con lo que cada artista se propuso, si cada hipótesis fue confirmada, podemos asegurar que hacen del ver una muestra de joyería una experiencia única, y eso es en última instancia uno de los mayores logros para la joyería contemporánea: lograr un vínculo íntimo con el espectador.

Hipótesis puede verse hasta el 29 de septiembre, de martes a sábados de 15 a 20 hs, en Tokonoma (Cabrera 5037, CABA)

La galería amalgamada, ‘’Brea Blanca’’ en Capisano.

Por Florencia Kobelt

 

Capisano es una galería de joyería chiquita abarrotada de piezas, y también es el nombre de una de las integrantes de ‘’Brea Blanca’’, un grupo de artistas multifacéticas que se juntaron para hacer una muestra en pleno corazón de palermo a modo de ensayo para otra que vendrá a futuro por pagos platenses.

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Pero que sea una muestra- ensayo no implica improvisación, sino una cuidadosa puesta en escena, una prueba de convivencia y de exploración en esas redes que se tejen entre piezas, y entre piezas y su entorno.

Entrar a Capisano no es es entrar a una galería de muros blancos, no hay enaltecimiento, ni glorificación, ni nada que se le parezca por las obras, pero tampoco es un espacio que haga de esas piezas un caos visual. Más bien lo que se respira en Capisano es un respeto profundo por el hacer, las piezas están delicadamente posicionadas de manera tal que se pueda ver y se pueda mirar. Y en ese contexto emerge la exposición de ‘’Brea Blanca’’, donde las obras de la muestra con las obras permanentes conviven de una manera sutil, es difícil distinguir cuál es cuál, a donde pertenece cada una. Y es en ese no distinguir, o mejor dicho, en ese acto de sentir todo como una experiencia visual única, sin distinciones de ningún tipo (si es comercial o no, si es de tal u otra artista) que ‘’Brea Blanca’’ aparece con una potencia inimaginada.

Esta Brea amalgama todo lo que la rodea, sea joyería, textiles, teselas, cuadros, todo está unido por este material. Se teje en Capisano una red de sensibilidades cuyo final pareciera no ser el destejerse, como los cuadros de Maite Uribarri.  Este amalgamiento toma y da forma a los textiles enormes y a su vez sumamente delicados de Vera Somlo que hilan la historia de la humanidad, la necesidad de abrigo y la manipulación artesanal de los primeros habitantes de cada tierra, con una mirada contemporánea; las esculturas de Cecilia Capisano que según desde donde se las mire generan sensaciones opuestas: pueden ser una sombra delicada, la huella petrificada de algún elemento de la naturaleza, los restos de una construcción, o la respiración cavernaria de Schweblin.

Processed with VSCO with c1 presetChain por su parte crea una pequeña serie de teselas, ubicadas al ras del suelo para que uno se agache, para que la mirada no esté escindida de un movimiento corporal mayor y para que, tal como dice la frase que acompaña la obra, el cuerpo cambie de estado. Mornaghi por su parte trabaja una serie de joyas a las cuales la palabra que las acompaña es Huesos, una serie que es innegable su contenido orgánico, aunque acá estos huesos no funcionan como estructuras ocultas o como un elemento macabro, sino como posibilidades de construcción y transformación. Son especialmente suaves a la vista, no es necesaria tocarlas porque la mano ya percibe esa textura delicada, parecieran tener un grado de docilidad ficticia porque esa suavidad está superpuesta a algo más potente que las sostiene (al igual que los huesos): la sensibilidad artística.  Y finalmente volvemos la mirada, y en vez de agacharnos nos elevamos para encontrarnos con las prendas de Uribarri. Reconstruidas o mejor dicho armadas con diversas partes, un collage de historias y de ruinas, que se unen para continuar su vida útil, porque ningún punto para un objeto es un punto final.

Así se configuran en Capisano una serie de charlas, a modo de susurros, entre diversas artistas y, esencialmente, entre diversos objetos unidos por una brea, que puede ser blanca, pero que principalmente es invisible hasta que uno entra por la puerta de esa galería y entonces todo se cristaliza, todo encuentra su lugar.

La escultura como joya, sobre ‘’Megajoyas para megamujeres’’

¿Cuando es necesario que en una muestra de joyería haya joyas? Días atrás estuve recorriendo el Museo de Arte Popular (MAP) José Hernández donde se está llevando a cabo la exposición ‘’Megajoyas para megamujeres’’ de Silvia Roldán y Lilia Breyer.

La exposición está compuesta por, justamente, megajoyas dedicadas a mujeres referentes de distintos campos (Julieta Lanteri, Victoria Ocampo,Tita Merello, Lola Mora, Evita, entre otras) que se complementa con fotografías de estas mujeres intervenidas digitalmente haciendo como si estuvieran usando estas joyas. Y a su vez piezas de escala normal, algunas de las cuales pueden ser usadas por el público con el fin de sacarse fotos con esas joyas puestas.

La muestra se da en un marco social y político sumamente importante para el colectivo de mujeres y por eso mismo es una exposición que claramente tiene un valor testimonial, porque la joyería contemporánea no puede no ser reflejo de su tiempo. Pero existen cuestiones que no quisiera dejar de lado, porque estas instancias de exhibición también permiten que nos hagamos ciertos planteos. Por un lado el binomio joyería/mujer es casi el punto sobre el que se erige la joyería, sin embargo en vez de hacer simplemente joyas para mujeres Silvia Roldán y Lilia Breyer le dan una vuelta a esa relación tan trillada, la exageran al punto tal en el que las joyas ya no son joyas: son megajoyas imposibles de usar. Enaltecen a esas mujeres al enaltecer la joya, y entonces la relación entre joyería y mujer pasa de ser algo común a ser algo imposible de asir.

La fuerza de la muestra radica justamente en ese exagerar, porque si bien esas esculturas pueden parecer un poco irreconocibles al principio, el juego que hacen con las fotografías intervenidas es suficiente para entenderlas como piezas. Pero este enaltecimiento un tanto cae con las joyas-joyas, las de escala ‘’normal’’, sin las megajoyas el efecto de grandilocuencia se pierde y estas piezas no logran por sí misma enaltecer a esas mujeres La exhibición pareciera querer reforzar la idea de megamujeres por todos los costados posibles y no dejar nada suelto. Se ponen en tensión el querer que se entienda la obra con el deseo de que se vivencie, y por eso se inmiscuyen en la muestra esos espacios que invitan a sacarse una foto con las joyas. Es difícil congeniar todos esos elementos en algo armónico y realmente celebro todo lo que invite a jugar y a reflexionar sobre el qué y el cómo mostrar en una exposición de joyería, y por eso mismo el hecho de que diga mucho sobre sí misma no tiene porqué ser visto como una falencia sino como la marca de una experimentación.

Peter Deckers en su libro ‘’Contemporany jewellery in context’’ dice que ‘’la razón que se da para exhibir joyas es celebrar las ideas que el artista desarrolló a través de un proceso único de creación y también porque establece una conexión intrínseca con un cuerpo potencial.’’ ‘’Megajoyas…’’ cumple con esta razón de ser que señala Deckers, por un lado es la conjugación de un idea, el de homenajear a mujeres importantes para el curso de la historia y por otro lado crear una conexión con el cuerpo que mira esas joyas, sea construyendo ese otro cuerpo con las imágenes intervenidas o permitiendo que uno se coloque ciertas piezas y se tome fotografías. Deckers a su vez comenta que ‘’el único momento en que las obras necesitan menos o ninguna información es cuando el lenguaje que hace al trabajo proviene de su propia materialidad y procesos de manipulación (poéticos o de diseño).’’ Y por eso mismo a ‘’Megajoyas…’’ le sobra información, porque da cuenta sobre el proceso de creación con las joyas escultóricas en sí y con las fotografías intervenidas, no tiene porque seguir redundando sobre ese proceso. Son tan impactantes esas joyas- esculturas que no se necesita nada más, es tan fácil sentir esa mixtura de lenguajes, esa manipulación poética que Roldán y Breyer trabajan que la fórmula bien podría cerrarse ahí, dejando que como espectadores podamos deambular libremente en ese entramado histórico/plástico.

 

Hasta el 24 de Junio puede verse en el Museo de arte popular Jose Hernandez la exposición ‘’Megajoyas para megamujeres’’ de Silvia Roldán y Lilia Breyer con curaduría de Liliana Olmeda de Flugelman

Una tarde en el museo

Por Florencia Kobelt

Meses atrás tuve el placer de recorrer la sala de joyería del Victoria and Albert Museum y no quisiera dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre esa experiencia antes de que quede muy lejana en el tiempo.

Existen diversos modos de curar una exposición, distintas maneras de explicar, revalorizar o experimentar con las obras.Estos modos de curar no son más que estrategias discursivas para que nosotros, los espectadores, vivenciemos la muestra de un modo u otro según sea el interés del espacio: uno puede aprender algo nuevo, participar de la muestra, etc. Dentro de la joyería contemporánea suelen ser más comunes las estrategias que están ligadas al arte, es decir a curadurías más experimentales o alejadas de lo pedagógico, porque cuando decimos que intenta ser considerada arte nos referimos a todo lo que hace a esa práctica, no sólo al modo de hacer sino también de mostrar. Pero, y qué refrescantes son los peros a veces, la muestra del V&A es una combinación de esos modos de mostrar donde prima por sobre todas las cosas un fuerte posicionamiento histórico/pedagógico. Ahora bien, como decía esto no es lo más común en el ámbito de la joyería contemporánea sin embargo en esta sala no solo hay piezas de ese estilo…

Así que ahí estaba recorriendo ese pasillo repleto de joyas de todo tipo, fascinada no solo lo que veía sino también por cómo lo veía, como era presentado. La exposición comienza con piezas realmente antiguas, por ejemplo, aros hechos en el siglo cuarto antes de Cristo, y continúa de manera cronológica hasta la joyería contemporánea. Pero no sólo hace un recorrido histórico sino que también nuclea temática y estilísticamente a esas piezas, así podemos ver en qué época comienza a usarse la joyería como símbolos de distinción política, cuando se retoman estilos antiguos por una cuestión de moda e incluso podemos seguir el desarrollo de temáticas como el amor y la naturaleza a través de los años y ver así los diferentes modos en los reaparecen una y otra vez. Y era justamente ese recorrido el que me parecía tan fascinante, me resultó innegable el atractivo de esa muestra historicista porque la historia de la joyería, como la de las artes menores, es la materialización de la historia en general.

Y es en este gesto tan simple, casi paternalista, dónde reside el poder de esa exposición. Porque es en ese ejercicio de poder seguir con la vista e hilvanar en un mismo momento que es más fácil comprender cómo la joyería contemporánea es un diálogo y una bifurcación en la historia de la joyería y no una ruptura con la tradición.

Es interesante ver el recorrido histórico para entender cómo esa bifurcación y la experimentación material van tomando cada vez más protagonismo, como lo bello se va diluyendo y empiezan a aparecer esas aproximaciones contemporáneas que nos son más familiares.

La joyería contemporánea no es rupturista con la joyería tradicional, ya dijimos que muchas veces recurren a las mismas temáticas, materiales y modos de hacer. Podemos decir entonces que es otra cosa, pero ¿dónde podemos empezar a ver las diferencias?, en primer lugar la figura del joyero cambia, por un lado tenemos alguien donde la composición y el manejo de materiales son los pilares de su trabajo, y por otro lado uno cuyo rol sí está más ligado al artista/diseñador, aunque eso no implica en absoluto que ese joyero contemporáneo no se preocupe por lograr composiciones bellas o que sea experto en el manejo de ciertos materiales. Por otra parte la experimentación tiende a ser por sí misma y no simplemente en pos de generar una pieza bella. Una de las grandes diferencia entonces es el modo en el que se aproxima el joyero a su obra, al joyero contemporáneo lo caracteriza la creación, la experimentación no es solo material o conceptual, la experimentación es el proceso mediante el cual se crea, no algo novedoso (porque sino no habría diálogo con la joyería tradicional o con el resto del mundo) sino algo que no necesariamente es pensado para ser usado. Me refiero con esto a que no es la prioridad su uso, no a que sean imposibles de usar. En otras palabras, el acto de crear es el que hace posible la existencia de la joyería contemporánea y el que genera esa bifurcación con la joyería tradicional.

Lo maravilloso a su vez de la joyería contemporánea es que este modo de crear puede ser de mil maneras diferentes, ya no hay uno solo. Hay tantos modos de hacer como joyeros, porque más allá de los conocimientos técnicos que pueden ser comunes a todos ellos, cada uno se reapropia de ellos y crea de un modo particular. Como decíamos algunas líneas atrás, crear en nuestro caso no implica sacar de la galera algo jamás antes visto, más bien podríamos decir que por un lado se crea y recrea y por otro se recicla. Se reciclan conceptos, materiales, narrativas, técnicas, etc. El joyero contemporáneo toma conocimientos de todos planos: de la joyería tradicional, del mundo que lo rodea, de otros ámbitos de la artesanía, del diseño y el arte. Toma todo de todos estos lados y los convierte en una pieza.

Es interesante ver esa bifurcación en la colección del V&A, mientras uno sigue ese recorrido histórico donde se van desplegando distintas temáticas y modos de hacer ligadas a la joyería tradicional hasta llegar a la vitrina opuesta, la contemporánea. Ahí los espectadores nos enfrentamos a una heterogeneidad abrumante: hay piezas hermosas, algunas no tanto, hay piezas que sí o sí necesitan que leamos la descripción para saber de qué tratan, y otras que nos hacen reír. Ya no hay una homogeneidad de época, no es posible decir, por ejemplo, ‘’en el 1940 se puso de moda la estética egipcia’’, no hay nada que en principio unifique. Pero claramente eso es lo que unifica, es esta multiplicidad de voces, de modos y de miradas las que hacen que no sea lo mismo lo tradicional y lo contemporáneo, y que nos obliga a ver cada pieza detenidamente y no en conjunto.

Nuestra lectura a partir de esto tiene que tener en claro dos ejes, por un lado la heterogeneidad en la que estamos inmersos y por otro lado la relación histórica con todo lo que nos antecede y nos rodea. Parece inmenso, abrumador, pero una pieza no puede ser leída solamente de manera formal porque la joyería contemporánea conforma un núcleo complejo donde convergen cientos de cosas que ya fuimos mencionando, por eso cuando estamos enfrente de alguna una de estas obras, o incluso usándolas, tenemos que comprender que están sumergidas en el mundo y tienen una relación estrecha de base con la joyería tradicional, la artesanía, el diseño a la que se le suman todos los conceptos e ideas que invoca esa pieza. Quizás no era necesaria una visita al museo o quizás sí, pero aunque ya sabemos que una joya es mucho más que un objeto bello nunca está de más volver sobre este punto y cuestionarnos ¿que usamos cuando usamos una joya?.

Sobre la vocación, el tiempo y el camino de una joya

Por Florencia Kobelt

Es difícil reconocer el momento exacto en el que surge una vocación. Por lo general es algo que se construye, son como piezas que uno va encontrando en el camino y que lo ayudan a descubrir en qué espacios se encuentra más cómodo. Puede pasar que esas piezas vayan apareciendo desde que somos chicos, que nos acompañen incluso antes de  darnos cuenta, antes de que todo se geste. De todas las vocaciones que pueden darse como resultado de ese mix  hay una a la que este blog se dedica en exclusividad (de más está aclarar que es la del joyero, ¿no?)  es que para llegar a la instancia de sentarse en un banco con una sierra en la mano tiene que haberse encontrado con  elementos ciertamente particulares. La joyería, como ya venimos hablando un poco en los artículos anteriores, es un espacio de unión entre lo íntimo y lo público, donde los objetos tienen un carácter de puente, nos unen con los otros mediante, por ejemplo, el recuerdo; también nos separa, nos hace sujetos únicos por el simple hecho de usar algo extravagante, raro, o sumamente costoso; nos conecta con nosotros mismos, con nuestra historia, con nuestros parámetros estéticos, con nuestra mirada del mundo.

Entonces crear joyería no es crear cualquier cosa, es crear objetos para que sean usados por personas desconocidas, y para que ellos hagan de ese objeto algo más. Crear joyería es crear un espacio íntimo listo para ser habitado. Pero para llegar a ese momento de crear un espacio para un otro, tiene que haber surgido alguna necesidad en particular: la de generar un vínculo, la de conocer un oficio, la de entender como funcionan ciertos materiales, etc. Y además se tiene que haber echo caso a esa llamada.

Maria Eugenia Ramos (creadora de la marca Mukenia) de chica juntaba caracoles en la playa y armaba collares, revisaba la lata de joyas de su mamá, disfrutaba de su aroma particular, dejos de perfumes entremezclados, y se aventuraba a investigar lo que había ahí dentro: collares de plata, de bolitas, echos por ella misma, de cerámica. Podría decirse que, como casi todo lo que uno disfruta, empezó como un juego, sin embargo nuestra joyera en potencia armaba piezas y las vendía en su barrio, y comenzaba a disfrutarlo. Con el tiempo se dedicó a otras cosas y estudió publicidad, pero algo de esa chica que abría una lata perfumada para investigar y crear seguía latente… hasta que un día su pareja le dijo ‘’¿Por qué no haces eso que te gusta?,  ella respondió : ¿y qué? ¿qué es? no sabía que nombre tenía, nos dice María Eugenia, ,y anillos, esas cosas le contestó él, ¡pero no sabía cómo se llamaba! ”Yo buscaba y encontraba orfebrería,  y no me encantaba del todo, parecía como muy tradicional, había algo de demasiada técnica, y siempre le escape a tanta técnica porque me parece que aísla, separa, te deja en un lugar demasiado prolijo que no es el que quiero tener.” Paso el tiempo  y ella siguió haciendo otras cosas, trabajando en publicidad. Y después de años de tener estas charlas su pareja volvió a interpelarla, ‘’hace seis años que te escucho decir que querés hacer esto ¿y todavía no sabes cómo se llama?’’ entonces le puso más empeño en la búsqueda y finalmente encontró la palabra: joyería contemporánea.

 

 

 

 

 

 

 

No solo existen modos diversos en los que uno termina tropezando con aquello que lo apasiona sino también de seguir explorando dentro de ese espacio, y es que la joyería parece un campo chico pero como venimos viendo está lleno de variables con las que jugar e investigar. El explicitar la motivación de las piezas suele ser un tema central porque funciona no solo como un modo de justificar cuando queremos catalogarlas como arte sino también como un vínculo entre el espectador y la joya (especialmente cuando hablamos de joyería contemporánea).

Aurora-Quiebre-1-MERamoswebEn el trabajo de María Eugenia, y creo que de los joyeros en general, es difícil rastrear una sola motivación, una sola manera de investigar. Pero hay algo que sí es constante en su obra y es el espacio fundamental que le da al momento previo a crear una pieza y sobre todo a la introspección que conlleva esa creación: ‘’Yo he tenido desde  piezas que cree a partir de conceptos, palabras, de alguna idea que surgió y empecé a darle forma a eso, que para mí son las más interesantes porque son las que tienen una búsqueda y un proceso más largo donde quizás estás un año juntando, investigando, leyendo, mezclando, y después sale esa pieza que es la pieza más importante, y por ahí podes llevarla a un plano más comercial, me parece que está bueno hacer ese proceso. Pero en general en las piezas que hago encuentro eso que tiene que ver conmigo. Hay algo que no podemos evitar y es no poder salir de uno. Todo lo que viviste, que vas incorporando, que te va pasando, va haciendo que las piezas tengan esas marcas. Hay una evolución, y hay veces que está bueno ver el trabajo en perspectiva para entender qué pasó ahí. También tenés esas irrupciones de golpe, pero hay un hilo conductor que tiene que ver con uno, es difícil salirse y decir: ahora voy a hacer esto que no tiene nada que ver. Hay algo que siempre vuelve, que está. Hay piezas que están creadas a partir de algo que te gustó, de una forma, imagen un dibujo y a partir de eso podes crear. Pero hay otros momentos donde empezás a trabajar desde algo que te pasa y cuando arrancas a explorar suceden otras cosas que terminan modificando esa idea. Es como que lo interiorizas, lo volvés otra cosa, otra vez incorporas eso y vas armando una especie de amalgama entre eso que te pasa y eso que sale.  Y un día te encontrás con eso que te gustó. También hay algo que se pierde, no es solo la pieza. Lo que se pierde me parece que es eso que te pasaba a vos, queda un poquito ahí y se RamosMariaEugeniaCollarSombras2va.’’

Este ir y venir que describe María Eugenia pareciera ser un recorrido eterno, y por eso el poner un punto límite a ese proceso para finalmente materializar una pieza que pueda irse y continuar su rumbo es sumamente necesario y difícil a la vez. Despegarse de una obra que implica un desgaste durante su producción, porque ningún camino introspectivo carece de desgaste emocional, no es fácil y menos que menos si esa obra se va a ir a formar parte de una vida ajena. Pero hay modos y modos de reconocer ese ‘’ya está’’, para Ramos ese punto varía, puede ser que se lo ponga en funcionamiento de algo puramente estético, es decir que la pieza haya quedado linda, puede ser que refleje algo de eso que se quería transmitir desde un primer momento , ‘’pero combinar distintas cosas y que de golpe puedas decir bueno es el trabajo de todo este tiempo, este proceso y ahora sí esta es la pieza, es difícil. A veces es un punto movible, y a veces es un problema que sea así. Porque hay momentos donde el punto lo quiero poner forzosamente y no va ahí. Pero en el transcurso del proceso va sucediendo que uno empieza a dejar fluir un poco más y llega ese momento. Un momento donde quizás decís listo, es acá y quizás al dejar esa pieza, cuando un tiempo después la volvés a mirar, te das cuenta si era o no ese punto. Hay necesidades de tener espacios, de silencios y de tiempos.’’

El tiempo no solo es de vital importancia durante o antes de la producción joyera; donde convergen acciones como la reflexión, la investigación, la aproximación y el alejamiento constante con la obra. Sino también juega un rol importante cuando estas se terminan, porque lo ideal es que no queden guardadas en un cajón del taller, sino que sigan su camino, que se empapen del tiempo por fuera de su creador, sea en una exhibición o sea porque se vendieron. Y en estos momentos es donde la joyería adquiere ese tinte mágico, porque ese acto de ser usado por otro que no tiene porque conocer al joyero, no es un plus sino el corazón mismo de esta práctica, es ahí donde se crea ese puente, no entre dos desconocidos, sino entre el objeto y su nueva historia, y entre el objeto y su pasado. Una joya es gestada en un tiempo y en un espacio en particular, y es usada en otros espacios y en otro tiempo. Una joya no tiene ni va a tener el mismo significado para quien la crea que para quien la usa. 

‘’Cuando estás en el taller trabajando no estás pensando en donde va a estar o en quien lo va a usar, ni cuánto van a pagar, por lo cual hay un proceso muy personal, y por ahí uno después encuentra que cambiando algo queda una forma que uno está dispuesto a colocar en un comercio, o en exhibirla en una galería. Un poco hay que permitírselo, permitirse decir ‘’ya está’’, ese punto y aparte. Porque no es punto y seguimos.’’

Sin títuloEs punto y aparte, no es punto y seguimos, creo que esa frase resume a la perfección lo que implica crear una joya, lo que significa crear para no ver esa creación seguir su rumbo, un recorrido que empieza con el joyero pero que continúa después de ese corte,  y es ahí donde surge ese carácter de puente de la joya que mencionaba antes. Pero además de detectar con elegancia ese punto central entre la producción y la circulación, Eugenia también toca una fibra sensible que es la relación con el mercado y la venta de esas obras, relación que es sumamente sana porque es la que justamente permite ese punto y aparte.

‘’Sería buenísimo que podamos encontrar un equilibrio, que no existe, alguna forma de poder crear eso y después ofrecerlo. Siempre hay alguien que está dispuesto a pagar, vivimos en un mundo capitalista por lo cual que sea una pieza que está creada a partir de alguna búsqueda que atravesó un proceso creativo, me parece que es super interesante poder ofrecerlo. Me cuesta entender, todavía, el porqué se limita tanto o nos limitamos tanto en ese aspecto. Sobre todo creo que tiene que ver más con Argentina, porque en Europa del este, que es un muy buen referente de lo que es la joyería contemporánea, hay un momento en marzo donde las galerías abren y el objetivo final es vender. Además uno puede continuar creciendo en ese proceso cuando puede vender esa pieza y dejarla ir. De hecho es importante que alguien porte esa pieza porque es como un embajador en el mundo de lo que otra persona creó. Me parece que es una lástima que nos cerremos también a ese aspecto.’’  Una manera sumamente bella de generar lazos con desconocidos. ‘’ Siempre pienso que va a pasar el día que me cruce a alguien que lleve una pieza mía. Lo que si me encanta es ver gente que está portando piezas  creadas por colegas, o que tienen una vuelta. Generalmente a ese tipo de personas las miro y busco que tienen de distinto, más allá de la pieza: hay algo que hace juego, refleja. Creo también que acá en nuestro país nos cuesta mucho diferenciarnos. Me parece que tiene que ver con esto del capitalismo, nos cuesta llevar un objeto que es distinto, que fue creado de otra manera. A mí la joyería me llevó a empezar a preguntar más :¿Qué es eso que tenés? , contame sobre tu pieza. Algo que invite a explorar no a cerrar, y me parece que todavía hoy hay miradas que cierran en lugar de invitar a la otra persona a que cuente el porqué. Puede gustar o no, no importa, pero que invite a la interacción. La joyería pensada para que invite a la interacción está buenísima.’’

Ese poder generar una interacción es sumamente fuerte, no solo por el simple hecho de generar lazos, hecho nada menor, sino porque es una relación placentera, no solamente de poder. La joyería contemporánea no demarca status, o al menos no como lo hace la joyería tradicional, sino que relaciona principalmente desde un lado estético, y sobre todo desde el placer de usar y de observar, tiene el dejo hedonista de la joyería tradicional, pero es un hedonismo que se reparte de una manera muy diferente. Si antes mencionaba que la joyería funciona como un puente entre el joyero y su obra por un lado, y entre el objeto y quien la usa por otro, ahora vamos a sumar otra relación más: entre el que usa y el que mira. En el echo de crear y en el de usar intervienen cuestiones más ligadas a lo sentimental, sin embargo en el acto de mirar y ser mirado entra en juego la dimensión del placer (y porque no, también la del displacer). Y esta es la diferencia fundamental con la joyería tradicional, porque no hay materiales ni modos de hacer propios de una u otra, sino que la diferencia esta marcada no por un status socio- económico, sino por el placer o el displacer que ese objeto genera para con los demás.

‘’Más allá de que uno en general intenta buscar la aprobación de los demás, cuando elegís un objeto  sin detenerte en el material, o en donde fue creado, se empieza a armar como una historia.Cuando uno va a su placard y busca y encuentra eso que uno guarda, y se anima a llevarlo tiene que ver con un momento especial. En general la vida son momentos:  el momento de crearlo, de la persona que lo usa y el de tener alguna devolución me parece que también podría ser interesante.’’

 

 

Tiempo y joyería, íntimo y público, comenzamos a delinear entonces algunas de las relaciones que se van dando en este espacio cada vez más amplio, quizás sean algunas de las respuestas para cuando nos preguntamos porqué nos interesa esta práctica, porque decidimos realizarla o hablar de ella. Es imposible saber si uno está más cerca, más lejos o dando vueltas alrededor de esas respuestas, sin embargo sabemos que no estamos en el mismo lugar. Mientras tanto dejamos la página de Mukenia para quien quiera y guste: https://www.mukenia.com/

Lo íntimo en lo público. Sobre el pop up de Proyecto 8

Demás está decir que la joyería contemporánea se encuentra en una constante discusión acerca de si es o no arte, también es un tanto obvio el hecho de que existen tantos recursos como joyas para pararse en un lado u otro.

Dentro de todos ellos quizás el más fácil de reconocer sea la exploración con materiales que no son comunes (básicamente que no son de metal ni cualquier otro  que sea usado regularmente en la joyería tradicional), pero también es posible encontrarnos con la incorporación de statements, y porque no, con ciertos modos de producción y de mostración típicos del arte (como puede ser el registro performático, o las exhibiciones en galerías dedicadas exclusivamente a ello, entre otros).

Es innegable que la mayoría de las producciones que se hacen bajo el rótulo de joyería contemporánea tematizan esa discusión, y que en cierto modo es lo que une a piezas tan disimiles entre sí bajo ese nombre. Esa pregunta sin respuesta, imposibilitada del consenso, funciona no solo como un motor que impulsa la exploración (no solo material sino también conceptual de parte de los joyeros), sino también es la que las engloba y hace que nosotros, los espectadores de esta práctica podamos definirlas como tal. Pero hay algo que pasa, que habilita a esa pregunta y es que, al igual que otros objetos del diseño, la joyería no es utilitaria, no es la materialización de un objeto que nos permite realizar alguna acción sino que simplemente son objetos que suelen ser asociados a lo bello y cuya función puede ir desde albergar recuerdos, hasta producir placer, e incluso delimitar status, su accionar es puramente simbólico, como el arte.

Como no preguntarse eso entonces, como hacer para mirar una joya contemporánea que está echa de materiales no nobles, o que tiene una forma extraña, o que apunta a un concepto que excede al objeto, y sabiendo que ”no sirve para nada” no preguntarnos ¿porqué esto no es arte?. Es sumamente difícil acallar ese interrogante cuando nos enfrentamos a una pieza de joyería contemporánea, y por tanto es difícil salir de ese terreno pantanoso que se forma entre el arte, la artesanía, y el diseño, y que al fin de cuentas sabemos que no nos lleva a ningún lado, porque funciona como punto de partida y no de llegada.

Pero hay que decir que es posible no hacerse esa pregunta y disfrutar otros aspectos de una pieza contemporánea. ¿Como? Un buen ejemplo de eso fue el pop up de Proyecto 8 que tuvo lugar en el local de la diseñadora de indumentaria Nadine Zlotogora.

¿Qué es Proyecto 8? según Francisca Kweitel, su directora,”es un taller de seguimiento de proyectos interdisciplinarios, de ocho encuentros -en ocho semanas-, donde se devela y desarrolla una propuesta y donde el cierre a su vez abre las puertas a una nueva búsqueda, si se quiere, infinita. Un espacio donde se proponen ejercicios cortos, intercambio, debate, haber, virar, jugar, mover, buscar, verse desde afuera y generar desde adentro. Compartir la experiencia hace que las cosas afloren”

Es casi imposible no destacar enseguida ”proyectos interdisciplinarios” y por lo tanto más o menos comprender de que lado está posicionada esta muestra. Sin embargo, y he aquí lo que hizo de esta exposición algo maravilloso, no dice ”esto es arte” o por lo menos no lo grita. El gesto sutil, pero no por ello menos fuerte, consta del hacer convivir estas piezas de joyería con otro tipo de objetos, artísticos y de diseño, creando un entramado marcado por la experiencia. Uno no entraba al local de Nadine Zlotogora a preguntarse si eso era no arte, ni tampoco a ver ”joyas lindas” sino a vivenciarlas desde un lado más intimista.

Es que la joyería funciona, fundamentalmente, de manera íntima. El contacto con el cuerpo, el valor emotivo, la elección de ese objeto porque sentimos una atracción estética, etc. Pero este acto íntimo de la joya está en quien la usa, y no necesariamente en quien la expone, la exposición implica una distancia con ese objeto, incluso cuando podamos manipularlo, no forma parte de nuestra vida y quizás su paso (al menos que lo hayamos adquirido) no va a ser más que una irrupción visual, bella o no, en nuestro día. Poder generar ese lazo íntimo en un espacio de exhibición habla del acierto de Proyecto 8. Quizás esto se deba justamente a que estamos en presencia de proyectos, y no simplemente objetos, y por tanto es mucho más cercana la relación entre esa joya y eso que la motiva a ser joya.

Lo que volvía íntima esa exposición era que mostraba los lazos entre esos objetos y sus joyeras, no solo por la manera en que estaban exhibidas (casi apoderándose del espacio, como si ese fuera su hogar) sino por la convivencia con otro tipo de objetos (cuadros, esculturas, indumentaria, telas que invitaban a ser bordadas por los espectadores) y por la incorporación de postales, donde no solo se podía leer la frase ya citada donde Kweitel explicaba que era Proyecto 8, sino también frases de cada joyera que funcionaban a modo de statements poéticos. De Dana Alessi por ejemplo, ”Recorridos Recorridos. Sensaciones de viaje detenidas en el tiempo como instantes de recuerdo”, ella produce una serie de mapas, que devienen de recorridos personales por distintas ciudades  (https://goo.gl/JkVwCs). ”Levanto los desperdicios de la civilización e improvisando caleidoscopios con olor a plástico quemado trato de reconstruir el paraíso perdido. Lo que todavía es, sólo será un parecer” puede leerse en el texto de Laura Leyt quien trabaja con plásticos reciclados ( https://goo.gl/bkpgQk ), o quizás más lírica aún sea la frase de Pamela Vitale ”Un eco agudo, el olor a óxido fresco y luego… el metal frío en expansión”  ( https://goo.gl/d33jFC), y cabe destacar acá el gesto poético ligado a un material que no es ni más ni menos que el metal, un material poco ”noble” para ciertas obras de joyería contemporánea, y el cuál entra en díalogo con la obra de Vera Somio (de quien recomiendo mirar sus producciones textiles que son sumamente hermosas https://goo.gl/sRCx2R), cuya producción joyera es a la cera perdida, técnica muy ligada a las prácticas tradicionales (https://goo.gl/9JC6NP) y que no suele estar bien vista dentro del campo contemporáneo. Y con este gesto también es posible aventurarnos un poco en esa discusión sobre esa técnica, porque al fin y al cabo la manipulación de la cera (para su posterior fundición) lleva las marcas de su autor, y se acerca mucho a la práctica artesanal donde el objeto contiene no solo el trabajo del artesano, sino también los años de práctica, el tiempo de modelado, etc. No hay material que no permita esa conexión entre el que hace y el objeto, ni el metal ni la cera perdida son menos contemporáneos que otros, siempre es posible generar vínculos entre creador, objeto y usuario.

Además del pop up participaron María Burundarena, Madelaine Ekserciya, Florentina Rodriguez Traverso, Maite Uribarri, Catalina Villola y Alejandra Agusti. Todas y cada una de ellas expusieron objetos no solo bellos, sino también conmovedores. La muestra dio cuenta esa exploración artística que se llevó a cabo en cada proyecto, y sin la necesidad de ponerse la etiqueta de arte lograron una experiencia estética sumamente artística. Habrá que estar atentos a este tipo de proyectos, que le otorgan frescura al campo local y que proponen nuevos modos de experimentar la joyería contemporánea.

 

Sobre la necesidad de ensayar

Pongámonos un poco académicos para entrar en tema: la palabra ensayo viene del latín exagium y se compone por un lado del prefijo ex (expulsión del interior) y el verbo agere (hacer), es decir ”hacer cosas que le salen de adentro” 

Ahora bien ¿que cosas son estas ”que salen de adentro” cuando hablamos de joyería?, porque esto no es una sala teatral sino un blog sobre joyería contemporánea. Quizá este texto sea en realidad previo al ensayo, su antesala, porque su motor es la necesidad de hablar sobre joyería contemporánea argentina. Podríamos decir que primero existe el deseo y después el ensayo, y que a este texto lo motiva el deseo de que este sitio este compuesto por ensayos: lleno de cosas que salen de adentro después de ver una obra, de ideas, reflexiones, cuestionamientos,críticas, pasiones…

Quizás sea un deseo extraño, ¿porque hablar de joyería argentina?, aunque para mi la respuesta más obvia (y para los curiosos del adorno) sea ¿porque no? no deja de ser una pregunta válida. No me interesa preguntar ¿que es la joyería contemporánea? sino reflexionar sobre por que vale la pena hablar de eso, ¿basta con el simple echo de que no se hable mucho?… Y la verdad es que no, no basta con la simple respuesta de que se habla poco acerca de este tema, pero quizás podríamos empezar a delinear otras respuestas.

Muchas veces las joyas pasan desapercibidas, la mayoría de las veces se vuelven invisibles las que llevamos en el cuerpo y solo para nosotros representan algo (joyas de alguien querido, regalos significantes, recuerdos de viaje, etc.), o incluso pasan desapercibidas para nosotros y se usan porque quedan bien con el resto del conjunto. Otras veces vemos pasar a alguien con un mega collar, un anillo rarisimo, y no podemos dejar de mirarlos, por curiosidad, por exotismo, por lo que sea y generamos un vínculo efímero que no dura más que unos segundos con esa persona, o por ahí vamos más allá del mirar y accionamos la palabra preguntando ¿donde compraste eso?, ¿quien lo hizo?, ¿que es?, y muchas otras veces son objetos con los que nos relacionamos a distancia vía publicaciones en internet o en revistas.

Para aquél que sepa, y en este campo el saber puede ser solamente tener el ojo entrenado, dentro de la joyería contemporánea hay mucho más que piezas lindas, es más podríamos decir que hay muchas piezas ”feas” que juegan con estéticas cercanas a lo repulsivo. Hay obras políticas, de género, de denuncia a miles de prácticas, narrativas, descriptivas, conceptuales, etc. (y este es un gran ETC.) Es impresionante que en un campo tan chico, del que se habla tan poco, haya tanta producción, y quizás acá nos encontremos con una de las razones por la cuál sea interesante dialogar sobre eso. La joyería contemporánea es relativamente nueva pero trae consigo misma toda una práctica que tiene siglos y siglos, que es la de accesorizarse para seducir, marcar poder, status, generar un statement, demostrar afinidades políticas, entre otras cosas, y a su vez propone un punto de unión con el arte y el diseño. La joyería contemporánea es un punto de inflexión donde se encuentran todas estas ramas, donde se producen infinidad de discursos de los más variados, y es posible ver todo esto circulando por la ciudad (en el cuerpo de un aventurero, en vidrieras, en universidades, en talleres) y no solamente en galerías y museos. 

La idea de este blog es ir encontrando otras respuestas a la pregunta ¿porque hablar de joyería contemporánea? al mismo tiempo que hablamos de ella, quizás sea una paradoja o quizás no, pero por ahora es la única manera en que esta travesía cobre sentido.

Ensayemos entonces, hagamos ese ejercicio de mirar piezas y pensar que es lo que pasa con ellas ¿que dicen? ¿como lo dicen? ¿como funcionan?. Ensayemos y valoricemos la gran producción de joyería contemporánea local, miremosla igual que miramos obras de arte, cuestionemoslas del mismo modo. Ensayemos todas las preguntas posibles e intentemos responderlas de la manera más reflexiva.

 

Joyería en diálogo

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En uno de los videos promocionales del premio MAD 2017 (Museo Nacional de Arte Decorativo) Marina Massone destaca el acto de que se considere a la joyería contemporánea como parte del diseño, su fusión con el arte, la moda, las tendencias, la tecnología, entre otras ramas. Y es justamente este  gesto el que convierte a la muestra, que puede verse hasta el mes de septiembre, en un evento al que a todo aquel que le interese la joyería contemporánea no puede dejar de asistir.

El premio dirigido a artistas menores de 35 años consto en diversas partes, en primera instancia los participantes desarrollaron un proyecto que tomaba como inspiración al museo, luego doce tutores seleccionaron aquellos que más les interesaban para acompañarlos durante su concreción.

Los proyectos seleccionados presentan un panorama sumamente enriquecedor ya que cada uno de ellos es la arista de las diversas discusiones que tienen lugar en el campo de la joyería: ornamento vs. minimalismo, el concepto vs. la práctica, entre otras. Varios dan cuenta del proceso creativo (que los inspiró, como desglosaron la idea, hasta donde abstrayeron los conceptos), otros simplemente presenta la joya despojada de toda explicación, en incluso algunos suman libros de artista u otro tipo de obra como paratextos. Es destacable que con tan pocos proyectos se haya logrado una escena tan representativa que a su vez convive con los salones del MAD, no estamos hablando de una galería o de un museo donde la vista es limpia y permite un recorrido visual claro, los distintos proyectos se encuentran rodeados de oro y elementos barrocos que podrían competir con las obras pero que sin embargo no lo hacen, casi como si el museo abrazara a estas expresiones de ornamentación que en vez de estar en una pared buscan ser portadas en el cuerpo (aunque no lo estén).

La obra ‘’Lo que pasa entre las formas’’ de Agustina Alcorta, bajo la tutoría de Celedonio Lohidoy, es uno de los trabajos que tiene como elemento central la ornamentación. Con una composición armoniosa, repleta de elementos florales, y el uso de materiales nobles y piedras montadas, Alcorta construye una pieza que realza la belleza de los patrones ornamentales del edificio y genera un diálogo con las piezas de Eliza Zorraquín (Leticia Churba fue su tutora) las cuales también tienen como eje la ornamentación pero que se diferencian al introducir materiales como acrílicos y mostazillas generando una reversión más contemporánea.

En la vereda opuesta se encuentra el proyecto ‘’Exquisito’’ de Rosaura Flynn cuya tutoría fue de Fabiana Gadanno, donde los elementos decorativos sirvieron como inspiración pero cuyo resultado es una serie de objetos que parecen haber sido aislados de su contexto ornamental para poner en evidencia la belleza de los objetos per se.

También, y entremedio de estos dos polos es posible ubicar las obras de Florentina Rodriguez Traverso (su tutora fue Fernanda Sibila), que realizan un juego similar a las piezas de Flynn al tomar esos patrones como inspiración para abstraer esas figuras. Aunque a diferencia del proyecto ‘’Exquisito’’ Traverso mantiene cierta conexión con el objeto, las formas de las molduras son reconocibles a simple vista, y las combina formas más abstractas realizadas en bronce.

Otro conjunto posible de armar dentro de esta exposición tiene que ver con las obras que tienden hacia lo conceptual en oposición a aquellas en las que priman la práctica manual.

Entre las obras más conceptuales se encuentra el proyecto ‘’(Poli)péras’’ de María Laura Egea, cuya tutora fue María Medici, las cuales retoma el ‘’círculo tangente de la entrada’’ (en palabras de la propia Medici) al observar los planos del Museo. El objeto tangible que Egea produce a partir de esta lectura es presentado como un elemento que contiene la posibilidad de ser usado de diversos modos, tales como guardar objetos preciados. Estos usos y el recorrido de cómo Egea llegó a la concreción del objeto están detallados a modo de plano alrededor de la pieza, lo que refuerza el concepto y la impronta arquitectónica del proyecto. Lucía Paz Bergami y María Florencia Dato componen el proyecto ‘’Cercanías’’, bajo la dirección de Marina Massone, y toman como inspiración la relación espacio/vacío, donde la sustracción se constituye como el concepto dominante, las formas, los materiales elegidos, todos giran en torno a esta idea cuya realización culmina en el tacto, lo cual la convierte en una joya propiamente dicha porque necesita del usuario para ser completada.

Ya acercándonos a obras donde lo manual y/o la técnica son protagonistas nos encontramos con el proyecto ‘’1905’’ de Sabrina Lopez, con tutoría de Nadine Zlotogara que conjuga la práctica textil con formas más abstractas en metal, la artista explora uno de los cuadros del museo para descomponer sus elementos y reagruparlos, generando una obra conceptual que a su vez da cuenta de la práctica manual.

Siguiendo en esa línea armónica se encuentran las piezas de Gugui Cebey de la cual el tutor fue Jorge Castañón, llamada ´´Kintsugi´´ donde tiene lugar un juego por demás interesante entre lo artesanal y lo conceptual. El conjunto de piezas tiene como inspiración la impronta oriental del museo la cual traslada a un conjunto de obras realizadas mediante una práctica de recuperación de objetos (denominada igual que el proyecto) y la figura de la grulla como símbolo de la longevidad y la adaptación. Cebey crea piezas de un fuerte impacto visual, en los que se conjugan los conceptos trabajados con la delicadeza del trabajo manual: el plegado del papel, la recuperación de esos objetos como la madera, entre otros.

Y finalmente para cerrar este segundo conjunto se encuentra el proyecto ‘’Meta’’ de Juan Pablo Mario, tutelado por Martín Churba, que pone el foco en el trabajo manual de elementos reciclados. Aquí el concepto central de la obra, el reciclado, no se encuentra por fuera de la ella (como en el caso de Egea) sino que está corporizado, llama mucho la atención la práctica manual, el proceso de armado de esos collares y broches de colores estridentes que crean volúmenes orgánicos.

Para terminar con este repaso de los proyectos exhibidos no quisiera dejar de mencionar otro diálogo ocurrido entre dos obras que quizás no comparten demasiado a primera vista. Me refiero a los proyectos ‘’Doxa’’ de Sofía López Ambrosini, cuya tutora fue Marina Molinelli Wells, y ‘’Hoja de Lana’’ de Axel Mazzeo con tutoría de Marcelo Serna. Ambos trabajan piezas con formas orgánicas, donde lo envolvente se convierte en el emento principal. Ambrosini trabaja con procesos y elementos industriales y orgánicos a la vez, y crea piezas más minimalistas y conceptuales que Mazzeo, mientras que él vincula el fieltro con materiales más clásicos de la joyería (tales como cadenas y piedras), pero ambos se mantiene una idea de cuerpo que es abrazado por estas piezas de joyería.

En resumen, la exposición además de mostrar producción de artistas argentinos jóvenes, abre las puertas a una multiplicidad de diálogos y relecturas de la práctica joyera que son fundamentales a la hora de generar un espacio reflexivo, lo cual siempre es enriquecedor para este tipo de prácticas. Por ello, todo aquel que esté interesado en la joyería no puede dejar de asistir, de observar y de intentar escuchar esas discusiones que tienen lugar en el salón de baile del Museo Nacional de Arte Decorativo.